La carrera de Alejandro González Iñarritu me desconcierta desde que se dio a conocer con su primera película, la excelente Amores Perros, su colaboración mutua junto al guionista Guillermo Arriaga, dio pie a dos películas más que se movían en un estilo similar (personajes desgraciados por el destino) a cada cual con resultados de lo más dispares: la que me parece su mejor película dentro de este estilo, la magistral 21 Gramos, y la pretenciosa Babel (¿alguien se acuerda ya de esta película?). Fue a raíz de esta última película cuando la colaboración entre ambos se crispó por una cuestión de egos (o eso es lo que he leído), e Iñarritu se aventuró a dirigir una película escrita por el mismo como Biutiful pero, sinceramente, no percibimos cambio alguno porque seguía recreando la desgracia de sus personajes. Y cuando aquí un espectador ya daba a la carrera de Iñarritu como flor de un día, aparece con Birdman y nos calla la boca a todos. El cambio tonal y de técnica hicieron que dicho film se convirtiera en una auténtica gozada, resucitando su carrera de un golpe (además de llevarse el Oscar a casa). Por eso, cuando vimos las primera imágenes de El Renacido, protagonizada por Leonardo DiCaprio y Tom Hardy, en la que se hablaba de que su rodaje fue de lo más arduo, había muchísimas ganas para ver qué nos podía ofrecer Iñarritu con su nuevo film y, desde luego, como experiencia audiovisual no tiene precio, pese a que sufre de algún que otro inconveniente.

En las profundidades de la América salvaje, el trampero Hugh Glass (Leonardo DiCaprio) resulta gravemente herido y es abandonado a su suerte por un traicionero miembro de su equipo, John Fitzgerald (Tom Hardy). Con la fuerza de voluntad como su única arma, Glass deberá enfrentarse a un territorio hostil, a un invierno brutal y a la guerra constante entre las tribus de Nativos Americanos, en una búsqueda heroica e implacable para conseguir vengarse de Fitzgerald.

He de decir que durante la primera hora de El Renacido tenía los ojos como platos y la boca a la altura de los pies, la experiencia audiovisual que ofrece Alejandro González Iñarritu durante todo este tramo es, sin duda, el culmen de toda su carrera (y con esto, no creo que exagere). La fuerza, la intensidad y la crudeza de todo este tramo está medido de tal manera que no hay segundo en la que el espectador no esté completamente absorbido por la historia. Desde las poderosas imágenes que el film regala en todo momento, hasta sus medidos y brillantes diálogos para centrar la acción y presentar a los personajes, el equilibrio que maneja el director entre la película de aventuras que quiere mostrar (y que posee escenas IMPRESIONANTES) y las pretensiones de un film que quiere ir un poco mas allá (aunque en este tramo no sea tan evidente, por que no lo recalca tanto) es, sin ir mas lejos, perfecto. La sensación que me estaba dando durante todo este tramo es que estaba viendo un nivel de perfección imbatible que auguraba encontrarme ante la película del año por excelencia.

Pero no todo lo que parece perfecto tiene por que mantenerse de la misma forma, y aunque la película funciona de forma implacable hasta el momento en que nos muestra el nudo de la película, es aquí cuando se empiezan a ver las costuras de El Renacido porque si la película nos estaba mostrando en todo su esplendor un relato de aventuras conciso, seco y crudo y con una fuerza dramática fantástica, y que avanza con una solidez increíble, cuando llegamos al viaje la historia se resiente. Las elevadas pretensiones del viaje espiritual de su personaje principal van tomando forma, pero no termina de calar en el espectador que, aunque sigue embelesado ante el espectáculo visual, se queda estancada en el mismo sitio sin que, dramáticamente, progrese adecuadamente. Sin duda, vemos el sacrificio físico al que se somete su protagonista (que, por momentos, parece inmortal ante la cantidad de cosas que le ocurren) pero, emocionalmente, no cala. E Iñárritu pretende recalcar tanto ese viaje emocional que termina por perder su efecto, y es una pena, porque hasta entonces, el espectador estaba absorto en el relato, y debido a esto, no hay una progresión dramática patente o con la suficiente fuerza como para conmovernos de la misma manera (esos flashbacks oníricos resultan demasiado pretenciosos, e incluso innecesarios). En resumidas cuentas, el misticismo que el director pretende mostrar no se integra bien en el relato, pues esquiva demasiado el tono por el que se movía la película.

Es cierto que en su tercer acto pretende recuperarse (y se recupera) volviendo al foco principal de su historia, pero ya es demasiado tarde, debido a que Iñarritu estira tanto el segundo acto de la película que termina por ahogarla un poco en sus pretensiones (dos horas y media resultan excesivas a todas luces). A pesar de ello, en su último acto vuelve a aparecer la fuerza dramática y el impacto visual y visceral de su primera hora (el enfrentamiento final es BRUTAL, así de sencillo). Pese a todo, es un film que deja buen poso desde luego (muy buena en realidad), pero da rabia cuando tenía frente a sus narices la película del año, y por darle mas pretenciosidad a la misma (con el misticismo antes citado), al final termina por quedarse encorsetada ante el relato visceral, sacado de las mismas entrañas, que la película está tratando. Por hacer una similitud, El Renacido me recordó a Apocalypto (por su visceralidad y rotundidad), pero con la diferencia de que en aquella película su director iba directo al grano sin perder el foco en ni un solo instante (y eso que poseía momentos místicos que estaban integrados en su momento justo), cosa que aquí, por desgracia, no sucede al recalcar tanto que estamos ante una película importante, restando efectividad al conjunto.

Pese a todo, es lo único verdaderamente achacable de una película que técnicamente es impresionante a todos los niveles: la fotografía de Emanuel Lubezki es IMPRESIONANTE a todos los niveles, y consigue que el espectador viva y sienta en cada uno de los planos, donde están los protagonistas (sientes el frío por el que pasan los personajes); los efectos de sonido te meten de lleno en el paisaje a un nivel sensorial exquisito y detallista hasta el milímetro (se escucha cada rama, cada soplo de viento…parece que estamos ahí con ellos); los efectos visuales resultan excelentes (la escena, IMPACTANTE a todos los niveles, del oso, un momento que ya puede pasar a los anales del cine); y una banda sonora de Ryuichi Sakamoto que da una atmosfera crepuscular e incluso apocalíptica del paraje que funciona a las mil maravillas. Por no hablar de que interpretativamente, todo el reparto esta EXCELENTE: desde un Leonardo DiCaprio que se deja, literalmente, la piel, utilizando mayoritariamente su gesto y su cuerpo para transmitir lo que pide el personaje, pasando por un Tom Hardy FASCINANTE (cada escena suya hipnotiza al espectador por una mirada de una fuerza increíble), y unos maravillosos Domhall Gleeson (este actor se esta consagrando poco a poco, con todo el merecimiento) y Will Poulter (hay que seguir la carrera de este joven muy de cerca).

El Renacido es una película que, no os voy a engañar, merece la pena verse en pantalla grande ante el apabullante espectáculo visual que ofrece, y durante un buen tramo de película, se estaba convirtiendo, por méritos propios, en la película del año…desgraciadamente, las pretensiones de Iñárritu de querer abarcar más de la cuenta, recalcando demasiado lo importante que es la película, tiran un poco por tierra los maravillosos resultados que el film estaba ofreciendo. A pesar de todo, el film es muy notable, y aunque hubiera deseado que la película se centrara en la intensidad dramática de una gran película de aventuras en vez de perderse por caminos demasiado trascendentales, estamos indudablemente ante una experiencia sensorial que debe visionarse en una pantalla grande, con el mejor equipo disponible. Desde luego, pocas películas pueden presumir de eso.

Nota Factoría del Cine: 7

Manu Monteagudo

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La carrera de Alejandro González Iñarritu me desconcierta desde que se dio a conocer con su primera película, la excelente Amores Perros, su colaboración mutua junto al guionista Guillermo Arriaga, dio pie a dos películas más que se movían en un estilo similar (personajes desgraciados por el destino) a...