David O. Russell está considerado, por muchos, como el niño mimado por Hollywood. Tal catalogación es, en cierta manera, algo relativa, pues, sus inicios, no fueron para nada fáciles: tras dos películas como Spanking the Monkey y Flirteando con el desastre, los problemas empezaron con una producción como Tres Reyes, donde tuvo enfrentamientos con varios frentes del equipo (entre ellos George Clooney), siendo la hecatombe su siguiente film, Extrañas Coincidencias (cuya discusión durante el rodaje con Lily Tomlyn fue sonada a diestro y siniestro…existe un vídeo que presentan los hechos, y créanme, que el director, tiene carácter). Pero tras 6 años de parón donde, supongo que le dio tiempo a recapacitar, realizó The Fighter (en opinión de un servidor, su mejor film), y esta vez la suerte le acompañó con un buen recibimiento y con alguna estatuilla dorada que llevarse a casa (para sus dos excelentes actores secundarios), pero no fue hasta su siguiente film donde encontró a sus dos musas: Bradley Cooper y Jennifer Lawrence. Su siguiente film, El lado bueno de las cosas (un film simpático) fue un rotundo éxito de taquilla y de crítica, además de la causante de que Jennifer Lawrence se llevara un Oscar a casa, cosa que casi consiguió por segundo año consecutivo con su siguiente film, La gran estafa americana, con el mismo equipo de esta última. Ahora, vuelven a repetir con Joy, intentado repetir la fórmula y el éxito de sus precedentes…la pregunta es ¿lo habrán conseguido? Las respuestas, a continuación.

JOY relata la salvaje historia de una familia a través de cuatro generaciones. Se centra en una muchacha (Jennifer Lawrence) que consigue fundar una dinastía de negocios y se convierte en la matriarca familiar por derecho propio. La traición, la deslealtad, la pérdida de la inocencia y las cicatrices del amor pavimentan el camino de esta intensa comedia humana y emocional acerca de convertirse en el auténtico cabeza de una familia y liderar un negocio en un mundo implacable. Dentro y fuera de la familia los aliados se convierten en enemigos y los enemigos se convierten en aliados. Mientras, su mundo interior y la increíble imaginación de Joy le ayudan a atravesar la tormenta a la que tiene que enfrentarse.

Joy parece una película que está hecha y destinada para el lucimiento de Jennifer Lawrence. Esto conlleva a dos mitades…una buena y una mala. La buena es que, siendo una película donde la protagonista absoluta de la historia es Joy, Lawrence consigue una interpretación magnífica de su protagonista y ella lleva el relato sobre sus hombros con un compromiso y temperamento dignos de todo elogio, pues la actriz maneja todos y cada uno de los estados de ánimo de un personaje que no es para nada fácil, con una versatilidad y aplomo que ya quisieran muchas de las actrices de hoy en día. Ahora bien, el hecho de que el film parezca un lucimiento exclusivo (incluso parece que de uso personal) para Lawrence, se nota una descompensación de algunos elementos, solo por el hecho de que ella se luzca, pues el film desarrolla superficialmente al resto de personajes (e incluso interpretaciones) en beneficio de la protagonista, y es algo que, aunque en mayor medida funcione, termina por resultar algo demasiado evidente, viéndole la piel de cordero al lobo. Se disimula bien, desde luego, pero el film, que posibilidades tiene, se queda un poco por debajo de sus posibilidades al centrarse única y exclusivamente en su protagonista y en su interpretación principal.

Esto implica que su director David O Russell haga su tratamiento de la historia de manera que nos pongamos de parte de Joy a regañadientes, al ser el único personaje, junto al de su abuela y su amiga, que está desarrollado en el guión de manera menos estrambótica que el de sus familiares o compañeros, y aunque el resultado funcione, desde luego, su tratamiento en el libreto resulta demasiado superficial, a pesar de que su reparto ponga todo el esfuerzo posible para que su respectivo personaje resulte interesante (y eso que cuenta con un reparto magnífico), siendo especialmente achacable que uno de los personajes que podían resultar mas interesante como el de Bradley Cooper se vean desaprovechadas por un tratamiento en el guión plano (e incluso interpretativamente, pues Cooper parece que apenas se esfuerza por intentar esbozar a su personaje). Pero como he dicho antes, en cierta manera, funciona por su retrato de la llamada “basura blanca” de América, una obsesión que parece perseguir su director en muchas de sus películas, y que aquí, no iba a ser menos (aunque la que mejor definió a este tipo de sociedad fue la película The Fighter, la verdad).

Pese a todo, su director sabe mantener el ritmo del relato, y durante sus dos horas de proyección, apenas sufre altibajos, resultando un relato entretenido que apenas permite que mires el reloj, aunque en sus últimos diez minutos se alargue mas de la cuenta de forma innecesaria con varios finales que, en opinión de un servidor, no hacía falta mostrarlos. Joy consigue que el público asista a este retrato con bastante convicción de manera que resulta un biopic que, aunque no ofrezca ninguna novedad, resulta ameno y muy distraído. En ese sentido, cabe mencionar una labor de montaje esplendida que consigue que el relato fluya con solidez, manteniendo el interés progresivo de su historia, y en ese sentido, su estructura funciona de forma que está bien amarrada. Todo acompañado de una selección musical acertada y una fotografía que aprovecha los parajes nevados y fríos por los que se mueve su protagonista (aunque cabe destacar que el tema de la nieve está muy bien aprovechado en el film como motivo de estancamiento).

Así pues, Joy es un pasatiempo bastante entretenido y ameno que, aunque se alargue más de la cuenta durante sus momentos finales, consigue mantener la atención del espectador con bastante facilidad gracias a un ritmo sólido y bien amueblado, y, aunque su libreto funcione en su nivel mas básico, es una pena que se quede en lo superficial en muchos de sus apartados, centrándose única y exclusivamente en retrato de su protagonista principal. Es tanta la fe que en ella ponen sus creadores que el resto se ve algo descompensado, siendo Jennifer Lawrence la que lleve el relato sobre sus hombres de manera casi ciega, y aunque es un factor que la actriz realiza estupendamente, también es cierto que parece hecha a medida para que su intérprete principal se lleve todo tipo de nominaciones y premios sin importar demasiado al resto de sus elementos, que están correctos, pero nunca al nivel de su protagonista. Pese a todo, he de decir que me ha gustado, y que hace pasar un rato de lo más entretenido.

Nota Factoría del Cine: 6

Manu Monteagudo

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David O. Russell está considerado, por muchos, como el niño mimado por Hollywood. Tal catalogación es, en cierta manera, algo relativa, pues, sus inicios, no fueron para nada fáciles: tras dos películas como Spanking the Monkey y Flirteando con el desastre, los problemas empezaron con una producción como Tres...