Aviso de primeras que el fútbol nunca ha sido un deporte que me haya apasionado, es más, no es que lo aborrezca (desde luego que no, porque respeto a todo el mundo que tenga afición por este deporte) pero siempre me ha aburrido de tal manera que nunca he entendido la pasión que despierta a sus espectadores…pero para gustos los colores, y he de decir que lo respeto bastante y que puedo llegar a entender el fanatismo que crea al igual que el fanatismo que puede crear la llegada de un film como Star Wars a las pantallas. Cada uno tiene sus aficiones, y el mío, está claro que el fútbol no es. Pero eso no impide que películas que tratan este deporte las deje a un lado, pues siempre estoy dispuesto a que me cuenten una buena historia, sea del tema que sea, incluido el fútbol. Y aquí incluyo esta pequeña introducción porque Papeles en el viento, tiene una premisa respecto al mundo del fútbol que mezcla con una comedia de amistad, basándose en la novela de Eduardo Sacheri y dirigida por el director de No sos vos, soy yo, y cuenta con un reparto que encabezan Diego Peretti, Pablo Echarri, Pablo Rago y Diego Torres.

Tres amigos de la infancia pierden a uno del grupo: El Mono (Diego Torres). Entre todos deciden hacerse cargo de su hija y para ello organizan una estafa impensable en el mundo de la compraventa de jugadores de futbol.

Papeles en el viento es un film que se siente muy cómodo, demasiado diría yo. Tan cómodo se siente y tan seguro de sí mismo que, precisamente, se acomoda en una monotonía que, aunque siendo correcta, nunca termina de despegar, y es algo que resulta patente durante todo su desarrollo. Su historia puede parecer interesante sobre el papel (y, desde luego, lo es, no hay duda de ello), pero parece que sus creadores prefieren pisar todos y cada uno de los lugares comunes que suelen ser habituales en este tipo de películas, sin ningún tipo de alma o característica que la identifique, y ese es su gran punto negro, pues nunca llega ser totalmente divertida (salvo algún que otro diálogo ingenioso, aunque desgraciadamente, tampoco es que tenga tantos), ni tan emotiva (debido a que sus creadores intentan recalcar los puntos dramáticos con tanto ahínco que resulta incluso molesto) ni tan siquiera amena (pues como película de estafas resulta mas simple que el mecanismo de un botijo). Cree encontrar su sitio acercándose a lo cómodo, y es precisamente ahí donde la película nunca conmueve o emociona al espectador.

A pesar de ello, los tejemanejes sociales y políticos respecto a la compraventa de un jugador de fútbol resulta lo más interesante de la función. Seguramente para alguien que desconoce el tema como yo (de ahí mi pequeña introducción), pues pasión por la historia que están contando es lo que falta en esta cinta por todas sus partes. Bueno, no todas, pues son precisamente los actores los que consiguen llevar a flote y a buen puerto el resultado final del film, ya que son ellos los auténticos pilares de la película: desde un Diego Peretti que está más contenido que nunca y que resulta muy convincente (es más, me gusta más esta faceta suya, sinceramente) hasta un Pablo Echarri que tiene el personaje mejor desarrollado del relato y que lo aprovecha estupendamente (desde luego, las escenas mas interesantes las protagoniza el susodicho actor), pasando por un Pablo Rago que intenta sacar a flote (y lo consigue, cosa que no era fácil) un personaje poco trabajado en el guión (¿Qué ocurre con su vida familiar? La película lo deja en el aire como si no hubiera pasado nada) y un Diego Torres correcto y emotivo (aunque la mayoría de sus flashbacks son demasiado empalagosos).

Poco más que añadir a un relato que tampoco ofrece mucho mas allá de su propuesta, quedándose en una superficie que, si funciona, es por un trabajo de actores entregados que intentan poner desarrollo a unos personajes que, incluso en su libreto, no se desarrollan lo suficiente, quedándose en una monotonía e incluso planicie que no la beneficia en absoluto. Desde luego, es un film que camina en una línea de ser intrascendente queriendo ser lo contrario, sin encontrar verdaderamente su sitio. Lo que si puedo decir es que Papeles en el viento, es un film que no sorprende que pretende agradar al mayor abanico de espectadores, y en su afán por intentarlo, ha salido perdiendo un poco al no encontrar su propia personalidad.

P.D.: el acento argentino, en ocasiones, resulta muy cerrado (como el caso del futbolista al que apenas se le llega a entender)…aviso a los espectadores.

Nota Factoría del Cine: 5

Manu Monteagudo

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