A medio camino entre el documental y el drama experimental, “La academia de las musas” comienza con un mensaje clarificador con el que se autodenomina como ejercicio pedagógico de Raffaele Pinto filmado por José Luis Guerín. Toda una declaración de intenciones para comprender el alcance de esta obra profundamente hermosa y lúcida, que juguetea con la ficción y plasma en destellos brillantes la fugacidad de la inspiración del poeta. Con un concepto complejo y catártico, se opta por una sencillez y una claridad de las ideas extraordinaria.

Más entroncada con “En construcción” que con la más reciente “En la ciudad de Sylvia” en cuanto a la forma, argumentalmente está más cerca de esta última que transmitía el proceso creativo y el arte mediante un ejercicio de estilo sin (casi) diálogos donde la plasticidad se imponía a la narración convencional. En este caso la fuerza de las palabras conforma la mayor parte del film, aunque la cámara de Guerín también encuentra en los reflejos de las ventanas y en las vistas de las aulas, las habitaciones de las casas y los hoteles, el mundo del que habla mediante la literatura.

En la academia de las “musas”, las alumnas funcionan como tal para un profesor con una visión personal de su profesión, su función y su manera de enseñar y de esta manera los personajes reales conviven con sus vidas y sus alter egos ficticios que se confunden mediante las subtramas de la película. Tal y como ocurría en la antalogía que Paco León dedicó a su madre Carmina Barrios: “Carmina o revienta” y “Carmina y amén”, aunque en ellas dominaba un familiar universo costumbrista y extremo, muy distinto al que nos ocupa pero igualmente audaz.

La búsqueda de la inspiración y el gusto por las tertulias y las divagaciones están en perfecta consonancia con los lugares que retrata, las situaciones que se crean y el montaje lleno de intermitentes fundidos a negros que conversan en todo momento con la idea principal de la película: el aprendizaje y la didáctica. Para ello se retroalimenta de las relaciones que se establecen entre los personajes y los temas que convergen desembocando momentos verdaderamente sublimes donde la profundidad intelectual del contexto coexiste con situaciones meramente humanas.

Se agradece el instinto que demuestra el grupo de intérpretes aportando una implicación muy inspiradora que confluye con la hondura de temas como el deseo, el amor y la importancia de la literatura como arte mayor. Todos estos elementos están hilvanados con pertinentes píldoras de humor y ligereza que logran engrandecer el “experimento” que nos proponen. La voz propia del director ha encontrado un equilibrio perfecto en la que es la mejor película española del año.

Nota: 9

Chema López

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A medio camino entre el documental y el drama experimental, “La academia de las musas” comienza con un mensaje clarificador con el que se autodenomina como ejercicio pedagógico de Raffaele Pinto filmado por José Luis Guerín. Toda una declaración de intenciones para comprender el alcance de esta obra profundamente...