Según los comentarios del director de El Hijo de Saúl, Laszlo Nemes “…Nuestro objetivo era tomar un camino completamente diferente al habitual en la realización de dramas históricos, cuya dimensión suele ser muy amplia y cuya narración se caracteriza por presentar múltiples puntos de vista. Esta película no narra la historia del Holocausto, simplemente la historia de un hombre atrapado en una situación espantosa, limitado en el espacio y en el tiempo. Nuestra estrategia visual y narrativa se basó en el uso de una fotografía con poca profundidad de campo, la presencia constante de elementos fuera de plano en la narración de toas largas y la limitada información tanto visual como basada en hechos a los que tanto el protagonista como el espectador tienen acceso. La película retrata este mundo de forma fiel, pero los sucesos y los lugares en los que aconteció el horror se presentan fragmentados, lo que permite al espectador dar rienda suelta a su imaginación. El espectador no puede evaluar la totalidad del infierno que atraviesa el protagonista, solo puede reconstruirlo parcialmente en su cabeza. Los diálogos multilingues en este babel de nacionalidades contribuyen transmitiendo el sentimiento orgánico y continuo de la percepción humana atrapada en medio de toda esta inhumanidad…” Desde luego, una vez visionado el film, el objetivo que intenta alcanzar su director lo cumple con creces…

Auschwitz, 1944. Saúl Auslander (Géza Rohrig) es un prisionero húngaro que trabaja en uno de los hornos crematorios de Auschwitz. Es obligado a quemar todos los cadáveres de los habitantes de su propio pueblo pero, haciendo uso de su moral, trata de salvar de las llamas el cuerpo de un joven muchacho a quien él cree su hijo y buscar un rabino para poder enterrarlo decentemente. Saúl se aleja de los supervivientes y sus planes de rebelión para salvar los restos de un hijo de quien nunca se ocupó cuando aún estaba vivo.

El hijo de Saúl es lo mas cercano que podrás experimentar en una sala de cine vivir una auténtica pesadilla…en el buen sentido. Los comentarios del director no van para nada desencaminados y consigue que el espectador se involucre ante este relato de manera muy arriesgada y, desde luego, muy valiente en estos tiempos. En un principio, el espectador puede sentirse descolocado y muy angustiado ante el formato elegido por el director para transmitir esa sensación de auténtica desazón que respira la película, pero a medida que va avanzando, descubrimos las intenciones de su realizador, y no es más que reflejar la pesadilla que vive su personaje principal, de ahí que la decisión de enfocar durante casi toda su proyección (por no decir toda) al protagonista sin que veamos con claridad lo que ocurre mas allá de su círculo es lo mas acertado y eficaz y arriesgado que he visto en el cine reciente. Y para mas índole, su director nos los muestra en un formato de 1.33: 1, lo cual, no solo transmite la sensación de documento, sino como parte de la mente que ha grabado Saúl en sus retinas acrecentando la sensación angustiosa y de pesadilla que se vive constantemente en el film.
Y no solo quedándose ahí, el director nos brinda una puesta en escena que, desde luego, podríamos decir, que se encuentra entre lo mejor rodado este año, pues no solo conformándose con “los” formatos elegidos, el cineasta demuestra una pericia técnica y narrativa impecable. Para acrecentar esa sensación de realismo pesadillesco, Laszlo Nemes adorna la película a través de planos secuencias impecables que, en muchos momentos, pone al espectador con el corazón en un puño (el inicio, sin ir mas lejos) y con los pelos de gallina (la escena mas terrorífica de la película y probablemente del año…aquella en la que Saúl busca al rabino de forma “desesperada”), manejando una tensión de forma increíble donde, de alguna manera u otra, explota en su clímax final (magnífico por otra parte, especialmente su brillante final). Todo acompañado de un diseño de producción francamente impecable que consigue meterte en la película de forma instantánea, y eso que su director no permite que veamos con claridad todo el escenario donde reside la trama.

Es cierto que el film es una auténtica montaña rusa, y como tal hay subidas y bajadas muy intensas, y es algo que, desgraciadamente, se hace notar, pero viendo la ejecución de la película en su globalidad es entendible, debido a la enorme intensidad que se vive en varias secuencias del film, por que en cuestión el film siempre avanza hacia algún sitio (que en algunos se exceda a la hora de contarlo ya es una cuestión algo discutible). Y en esa marcha hacia un destino incierto es donde su protagonista es el factor principal para que vivamos el horror, y ahí es donde Geza Rohrig está impecable: su interpretación resulta harto compleja en un personaje que, está tan acostumbrado al horror que vive cada día, que resulta impasible en su gesto, y lejos de resultar plano o monótono, precisamente es todo lo contrario, por que transmite esa fuerza y esa dureza que el personaje necesita y que solo en determinados gestos logra sacar algo de humanidad y que el actor transmite a la perfección (la mirada final resulta sobrecogedora…y con esto no desvelo nada, no os preocupéis).

Sin ningún tipo de música que la acompañe (desde luego, no la necesita), El hijo de Saúl es una de las representaciones del Holocausto más certeras, arriesgadas y valientes que he visto en una pantalla. Su punto de vista resulta tan eficaz en su ejecución que una vez el espectador sale de la sala, tendrá la sensación de haber contemplado toda una pesadilla donde se sugiere más que se muestra (y es ahí donde muchos pecan de error), viviendo el horror en primera persona con un rotundidad absoluta. Es cierto que no es fácil de digerir debido a un ritmo que se hace un poco difícil, pero una vez pasan los días de su visionado, el espectador seguirá recordando la película como una representación del horror en su estado mas pleno. No es ninguna sorpresa que aspire a tantos premios, y seguramente se lleve la estatuilla dorada este año en la categoría de Mejor Película Extranjera, por que es la representación del Holocausto más visceral que se ha visto en una pantalla de cine.

Nota Factoría del Cine: 8

Manu Monteagudo

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