Gabriel Muccino es un director que llegó a Estados Unidos (tras dirigir un buen puñado de películas italianas, entre ellas la destacable El último Beso) pisando fuerte, pues tenía la firma intención de quedarse, de ahí que para su primera película contara con el beneplácito absoluto de la estrella de cine Will Smith, que en aquel entonces (el film se estrenó en 2006) reventaba las taquillas de todo el mundo (hasta que llegó la mediocre After Earth y la manía de involucrar a su hijo en todas partes). El film, En busca de la felicidad (que se trataba de un melodrama correcto, hecho con la intención de gustar al espectador consiguiendo su objetivo), fue un rotundo éxito, y la carrera de Muccino despegó…hasta que su siguiente film, con Will Smith, Siete Almas, se la pegó (la crítica no la acompaño y se quedó muy lejos de conseguir las cifras de su film precedente). Y a partir de ahí, es como si la carrera de Muccino intentara despegar por todos los medios, sin conseguirlo, de ahí que volviera a su país natal (Italia) para rodar un film, para regresas después otra vez a USA para rodar Un buen partido, en resumen, parece que Muccino fue flor de un día, y ahora estrena entre nosotros otro melodrama de los que tanto le gustan con De padres a hijas.

De padres a hijas” es la historia de amor entre un padre y su hija ambientada en Nueva York a lo largo de 25 años. La historia va de atrás adelante entre la década de los 80, donde Jake Davis (Russell Crowe), novelista ganador del Pulitzer y viudo, lucha contra una enfermedad mental al tiempo que intenta criar a su hija de cinco años, Katie, y el presente ambientado en Manhattan, donde Katie, ya con 30 años (Amanda Seyfried), hace frente a los demonios que le hacen recordar su problemática infancia.

Recuerdo ver por primera vez el tráiler de De Padres a Hijas hace unos cuantos meses y salir escandalizado de lo que acababa de ver…el avance del film era tan rematadamente mediocre que, al intentar exprimir todo el factor melodramático de la propuesta, creaba un efecto contrario, el de la risa voluntaria, y era tal la manera de explotarla que, no sabíamos si nos encontrábamos ante una burla del género o ante un film rematadamente malo. Aviso esto, porque si hay algún espectador que como yo, iba con total temeridad al cine, puedo avisar de que no es ni lo uno ni lo otro: desde luego no es el film rematadamente malo que el tráiler parece querer vender, ni tampoco es una cinta que pretenda burlarse del género. De Padres a hijas es un melodrama que no esconde su condición de cine de sobremesa, desde luego, pero consigue que al menos salgas más satisfecho de lo que muchas de estas producciones no consiguen.

De Padres a Hijas no esconde en absoluto su condición de melodrama…es mas, lo abraza. Quien no sea de películas cargadas de kilos de azúcar, esta claro que esta película no es de las tuyas, pero a todo aquel que no le importe toda ese tufillo melodramático y cargado de moralina, pasará un rato de lo mas distraído. Por que uno de los factores mas positivos de la película es que, dentro de lo que cabe, el film va directo al grano con un ritmo bastante sólido y muy directo que consigue entretener con suma facilidad. Sabe que su historia está cargada de ciertos excesos y que acumula cuantos mas golpes de efecto mejor, pero su ventaja es que no pretende disimularlos, y ahí radica su mayor ventaja. Sabe lo que es y no se averguenza de ello y Muccino por momentos se encuentra inspirado en el relato con una puesta en escena que en determinados instantes resulta bastante superior a la media en el género (mención especial para los planos secuencias que adornan el film…impecables)

A pesar de ello es como si en el film se encontraran dos relatos con tonalidades distintas: la historia del pasado y del presente no terminan de cuajar. Mientras que en la historia del pasado, Muccino pretende recargar todo con una fotografía preciosista y llena de colores “bonitos” para encandilar al público (y empalagarlo) en la historia que acumula mas excesos ( y la que menos funciona por acumulación y sobrecarga), en la historia del presente, sorprende su contención, en la que la fotografía cambia por completo por una luz gris y por un control de su historia mucho mejor llevada que en la del pasado. Lo que en una no funciona por exagerar el género, en la otra funciona por toda la contrario, y por momentos, no lo negaré, parece que estemos viendo dos películas distintas de diferentes tonalidades cada (siendo la historia presente la que sale mejor parada).

Y en esto también influye una dirección de actores que sale perjudicada en dichas historias siendo Russel Crowe el mayor perjudicado de todos ellos, pues en muchas ocasiones resulta sobreactuado hasta la médula y con el piloto automático puesto (con una interpretación que parecen los restos que ha ido dejando de Una mente maravillosa), sin apenas un tipo de control sobre su personaje y sin contención posible (echo de menos las interpretaciones que nos brindó hace muchos años…); en cambio Amanda Seyfried está magnífica, siendo por méritos propios la mejor del reparto (de ahí que su historia funciona y la de Crowe no), con un personaje que sabe llevar bastante bien. También caben destacar las apariciones de un estupendo Aaron Paul (y que mantiene una impecable química con Seyfried, siendo la historia de estos la mas interesante del relato), una irregular Diane Krueger (que hace lo que puede con un personaje repleto de clichés…tanto que hasta parece cómico sin buscarlo) , una correcta Quvenzhane Wallis (atención a la escena de la bofetada) Octavia Spencer, Janet McTeer (que sale muy poco para lo excelente actriz que es) y Jane Fonda (en un personaje muy agradecido.

De Padres a Hijas es así un melodrama clásico de los de toda la vida, ideal para ver una tarde de sobremesa que consigue entretener con corrección de manera que tampoco haga preguntarte que estés ante una pérdida de tiempo. El mayor problema del film son las tonalidades que imprime su director a las dos historias que pretende contar, manejando con correcta precisión el relato de una, y excediéndose acarameladamente el otro. Es como si Muccino no controlara los excesos de una historia que ya cuenta con varios como para sobrecargarla más…pero, pese a todo, me ha resultado mejor de lo que esperaba. Quizá su horrible avance haya sido el culpable de que su visionado resulte mejor de lo que parecía a simple vista, tratándose de un producto muy en la línea de su director aunque con demasiadas dosis de azúcar, pero de lo que no me cabe duda es que es un film que distrae y que consigue que pases el rato…ni más, ni menos.

Nota Factoría del Cine: 5,5

Manu Monteagudo

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Gabriel Muccino es un director que llegó a Estados Unidos (tras dirigir un buen puñado de películas italianas, entre ellas la destacable El último Beso) pisando fuerte, pues tenía la firma intención de quedarse, de ahí que para su primera película contara con el beneplácito absoluto de la estrella...