Cada vez que Robert Zemeckis estrena película hay cierta expectación respecto a lo que el espectador se va a encontrar…y no precisamente por su historia, sino por la fuerza visual que caracteriza a este director. Zemeckis siempre es señal de visión obligada para los amantes del cine porque en cada película que estrena demuestra una versatilidad en la dirección que ya no hace falta ni demostrar debido a la filmografía que tiene detrás. Es cierto que la primera década del 2000 fue la menos fructífera respecto a la calidad de las mismas, centrándose exclusivamente en un método de animación que, pensando que iba a revolucionar el futuro del cine, quedó obsoleto ante los avances tecnológicos que hubo posteriormente como consiguió James Cameron con Avatar. Por eso, tras ese considerable golpe (y que dejó muchas pérdidas, a pesar de que películas como Beowulf eran la mar de estimables), volvió al cine de imagen real con El Vuelo, un film bastante discreto pero en la que demostraba su pericia técnica y narrativa (el inicio del film demostraba lo bien que maneja la puesta en escena). Ahora, pretende volver con un relato que, aunque ya fue relatado en el documental Man on Wire, Zemeckis aprovecha hasta el infinito con el formato Imax 3D….y desde luego, el resultado, se nota…y mucho.

Doce personas han pisado la Luna, pero únicamente un hombre ha recorrido, o recorrerá jamás, el inmenso vacío entre las dos torres del World Trade Center. Guiado por su mentor en la vida real, Papa Rudy (Ben Kingsley), y ayudado por un insólito grupo de reclutas de todo el mundo, Petit (Joseph Gordon Lewit) y su banda tendrán que superar obstáculos imposibles, traiciones, disensiones e innumerables situaciones comprometidas para concebir y ejecutar su alocado plan.

Aviso a todos los espectadores…The Walk esta única y exclusivamente concebida para ser visionada en Imax 3D. Comento esto por que hacía mucho tiempo que semejante formato no cobraba tanto sentido como aquí, y si no es visionada de esta forma restaría todo el impacto y la eficacia con la que Zemeckis maneja los últimos 45 minutos de película. La magnitud de lo que pretende contarnos está totalmente unida al hecho de verla en una sala Imax, por que precisamente es la grandeza, el impacto y la sensación de, repito, auténtica magnitud lo que recorre por tu cuerpo cuando visionamos sus últimos minutos, cuyo 3D no podía estar mas justificado para que vivamos y sintamos la experiencia que Petit quiere compartir con el espectador…y ya os aseguro que se consigue de calle, ofreciendo una sensación de vértigo y de auténtica magia y espectacularidad en sus imágenes que, en mas de una ocasión tuve que agarrarme a la butaca (la gente que padezca vértigo lo pasará bastante mal, créanme).

Ahora bien, volviendo a la película en general, es otra demostración de por qué Zemeckis sigue siendo uno de los mejores narradores que existe en el mundo del cine. La solidez narrativa con la que maneja el relato es digna de todo elogio, pues durante todo el proceso para llegar al clímax final del film adopta un tono ligero que al ritmo de la película le viene de perlas, consiguiendo que su visionado se pase en un suspiro. Mas allá de su pericia visual, Zemeckis prefiere guardarse sus verdaderas cartas, y aún así da muestras del gran cineasta que es (como la presentación de Petit, o el flashbacks en blanco y negro donde los objetos caprichosos cobran color). Y lo cierto es que lo tenía difícil cuando previamente se había contado lo mismo en el (notabilísimo, por cierto) documental Man on Wire, pero aún así consigue cogerte de la mano y embarcarte en ese viaje que el mismo Petit nos ofrece como si nos lo contaran por primera vez. Y aunque es cierto que su guión, bastante eficaz, con las pretensiones adecuadas (ni muy ambiciosa ni demasiado ligera, pues consigue el equilibrio justo), resulta quizás mas básico que el relato que nos ofrecía el documental, no molesta demasiado y sabe mantener un equilibrio perfecto sin ocultar su afán por entretener al espectador.

Y de pronto llegan los últimos 45 minutos, y Zemeckis nos deja con la boca abierta y completamente pegados al asiento. No solo por la tensión previa que se crea hasta que Petit llega a su objetivo, sino por todas las fases por las que va pasando el recorrido, y que créanme, son muchas (desde la pura tensión, hasta la pura poesía, hasta la grandeza artística, ante la magnitud de sus imágenes…son tantas que no podría ni nombrar). Zemeckis consigue en estos últimos minutos asentar al personaje de Petit, y también homenajear de forma preciosa a estas dos torres sin resultar gratuito ni empalagoso (la tristeza que esconde su frase final es desoladora). El cineasta consigue pasar de la ligereza a la grandeza de forma increíble de manera que el espectáculo visual que ofrece bien merece verla en una pantalla de cine, cuanto mas grande mejor, claro (y en Imax 3D sería perfecto).

Respecto al resto…lo habitual: una fotografía magnífica de Dariusz Wolski que adopta muchos colores para encontrar el tono casi de cuento que el film está buscando y que, finalmente es; un montaje soberbio que impiden que sus dos horas de metraje se hagan largas…es más, se pasan en un suspiro; una banda sonora del habitual con Zemeckis, Alan Silvestri, que ofrece una composición que se ciñe a las imágenes como un guante (desde temas jazzisticos, hasta temas solemnes y dramáticos muy adecuados) ; y unas interpretaciones estupendas donde cabría destacar a un Joseph Gordon Lewit que va acomodándose con el personaje a medida que avanza, y aunque el acento y el maquillaje no le ayuden mucho, en todo su tramo final está magnífico sin decir ni una palabra.

The Walk es otra demostración de Robert Zemeckis de por qué es uno de los mejores narradores que ha parido el cine. Su capacidad de entretener al espectador con una facilidad pasmosa y con una pericia visual que ya quisieran muchos directores de hoy en día, es indiscutible, y se agradece que en un proyecto como este, no resulte ni tan ambicioso ni tan pretencioso, dejándose llevar por una ligereza que, cuando llega a su momento crucial, sabe tomarse en serio su objetivo y ofrecer una experiencia audiovisual que, desde luego, estará entre los mejores momentos que nos ha regalado el cine durante este año, sin lugar dudas. Eso sí, os recomiendo o mejor dicho, os obligo, a que la veáis en Imax 3D, pues esta película en otro formato restaría la sensación de magnitud y grandeza que se viven en esos últimos minutos, pues Zemeckis precisamente quiere que vivamos esa experiencia….y lo ha conseguido de lleno.

Nota Factoría del Cine: 7

Manu Monteagudo

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