Los barrios bajos de Los Ángeles es el lugar donde transcurre esta historia que bien podría ser un drama acerca de la disgregación racial en Estados Unidos, pero el tono la hace completamente distinta, siempre a medio camino entre lo indie y la comedia blockbuster en una propuesta que ante todo consigue ser refrescante.

Su sinopsis no tiene nada de original en esta fábula en la que tres amigos deambulan por guetos marginales con sus bicicletas, escuchando música hip hop de los 90 que idolatran y en la que de repente cada secuencia va sumando un cambio de rumbo hasta acabar en un espiral con la apariencia de una huida hacia adelante ruidosa y tragicómica.

Su ritmo trepidante, su estructura rápida y la máxima de que ocurran cosas en todo momento, la aleja de sus predecesoras y su alma ingenua la hace bastante amable. En algunos momentos su estética cuidada y su aspecto “nerd”, la emparenta con productos como “The Big BangTheory”, su estilo musical y sus andares callejeros la convierten casi en un reverso de la serie “Empire”, y siempre respira un halo independiente, pero con pretensiones y ritmo meramente comerciales.

A pesar de sus diferencias argumentales, tal y como ocurría en su contemporánea de Sundance: “Él, yo y Raquel” de Alfonso Gómez Rejón, la película de Rick Famuyiwa toca muy bien las teclas que necesita este cuento de iniciación y acerca de la amistad en la que los personajes están en proceso de madurez y se enfrentan a la vida. “Dope” además nos habla de la imagen de la comunidad afroamericana en América, de sus dificultades para acceder a lugares elitistas y a la imagen que proyectamos únicamente por el aspecto físico, la indumentaria o la procedencia.

A medida que su trama se torna hacia lo rocambolesco se pierde bastante el interés y todo lo que había construido se derrumba bastante por estar más pendiente de sumar vistosidad que de ganar en naturalidad. A pesar de ello, su trío protagonista se gana la simpatía del espectador, sobre todo el personaje central Malcom, incorporado por el novel Shameik Moore.

Su visión despreocupada de las drogas, los trapicheos y alguna trama débil e inverosímil (como el negocio de venta por internet en el supuesto grupo de ciencia) la alejan de un realismo que no busca. El eterno sueño americano que vende que mediante el esfuerzo se puede conseguir el éxito y la materialización de nuestros proyectos tiene en Dope la metáfora perfecta para derrumbar prejuicios étnicos y culturales.

Nota Factoría del Cine: 5,5

Chema López

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