Basada en la historia real de Josephine Peary, que en busca de su marido, el expedicionista Robert Peary realizó a principios del siglo XX varios viajes al polo norte, “Nadie quiere la noche” nos lleva al frío a través de una pasión tozuda y casi irracional para llegar a un lugar inhóspito, donde la supervivencia se convierte en el hecho que obliga a unir fuerzas a esta mujer con otra, la habitante inuit con la que compartirá ese espacio blanco, cegador y helado.

Isabel Coixet con uno de sus colaboradores habituales, el director de fotografía Jean-Claude Larrieu, crea una película de imponente factura visual, donde las bellas imágenes glaciales del polo norte se convierten en lo mejor de una cinta que camina por distintos pasajes que funcionan de manera irregular. La primera parte está estructurada casi como un drama adulto de aventuras donde la determinación de los personajes y las adversidades poseen la suficiente fuerza para atrapar al espectador. Después en un irremediable segundo acto más pausado, la historia se queda congelada en una convivencia difícil donde el tedio se apodera de la trama. Es cierto que es probablemente donde Coixet se mueve con más facilidad y donde muestra sus armas como cineasta, pero observar el paso de las semanas en el polo es necesario para comprender la unión entre las protagonistas, pero pone a prueba la paciencia del espectador, al menos en mi caso.

En mi opinión, a la directora le sienta muy bien ese esfuerzo por alejarse de sus anteriores películas y aunque no cae en el subrayado y evita el excesivo dramatismo, cuando adquiere esa constante del cine de Coixet donde los personajes de enfrentan a la adversidad, tanto emocional como logística, por alguna razón la película se detiene y le falta ritmo o más nervio a la hora de contar mediante las imágenes ese infierno gélido.

El despliegue técnico es digno de reseñar, a la ya mencionada espléndida fotografía, hay que reconocer un gran trabajo de diseño de producción, vestuario, maquillaje y peluquería que hacen que la película luzca muy bien en todo momento. Las actrices lo dan todo en sus personajes y obtienen una química y complicidad significativa. No solo la gran Juliette Binoche ofrece una buena interpretación como Josephine, la actriz japonesa Rinko Kikuchi compone un difícil personaje, Allaka, una esquimal donde el trabajo físico de la actriz solo se ve superado por su conexión emocional y la ternura de sus expresiones faciales.

Tras la estimable Aprendiendo a conducir, y los últimos tropiezos de la directora catalana, Isabel Coixet vuelve con una película en la que el combinado entre epicidad e intimidad se ve lastrada por una segunda parte que pretende ser cálidamente humana pero termina siendo fría y fatigosa. La dureza de una naturaleza poco transitada y fotogénica eleva el resultado consiguiendo una belleza fuera de toda duda. Da la sensación de que la historia real daba para mucho más pero no se puede negar que es una inusitada película dentro del panorama español y otra muestra de la inquietud de una cineasta que no se detiene ante el riesgo.

Puntuación: 6,5

Chema López

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