Según las notas de su director Juan Miguel Castillo en la página oficial de la película “la semilla para el guión de TECHO Y COMIDA surge, en el año 2012, al reconocer, en un reportaje de televisión sobre la crisis económica, a una antigua vecina que vivía sola con dos niños, sin recursos y sin ningún tipo de ayuda familiar ni administrativa, encontrándose al borde del desahucio. Quedé muy impactado. Más allá de indignarme por la grave e injusta situación general por la que estaban pasando, una de las ideas que me preocupaba era que, durante el tiempo que fuimos vecinos, nunca supe ni sospeché de sus dificultades. Esto revelaba dos dramas que cohabitaban en paralelo y se retroalimentaban. El primero, el mío personal que evidenciaba que, a pesar de la cercanía física, en verdad cuán lejos estaba de su realidad y, por extensión, llevando la reflexión al terreno colectivo, que aislados vivimos los unos de los otros. Y el segundo drama, causa o efecto del primero, era saber cuáles habían sido las motivaciones que llevaron a mi vecina a silenciar su problema, vivirlo en soledad haciéndolo invisible a los demás e imposibilitar, al menos idealmente, el auxilio o solidaridad de otras personas”. Desde luego, una vez visionado el film, el director refleja a la perfección sus palabras en una película que conmueve sin recurrir a la lágrima fácil.

A Rocío (Natalia de Molina), madre soltera y sin trabajo, apenas le da para comer. Temiendo perder la tutela de Adrián (Jaime López), su hijo de 8 años, intenta aparentar una vida normal. Pero la situación empeora cuando el propietario de la vivienda, agobiado también por las deudas, los denuncia por no pagar el alquiler. Ahora el tiempo corre en su contra y parece imposible encontrar una solución.

Techo y comida es una de las primeras películas en llegar a nuestras pantallas que representa la crisis española de forma sensata. Y digo sensata porque no hay mejor representación que mostrarnos la vida de esta madre soltera que debe mantener a su familia (su hijo) como buenamente puede… pero el film no hace juicios de valor, lo que honra aún mas a la misma, sino que el director quiere que vivamos la agonía que sufre la protagonista, y aunque es un film de denuncia social, no se centra principalmente en esa clave. Consigue mantener una angustia que va aumentando a medida que avanza el film, y en esa angustia es donde reside la mayor base de la película, pues el espectador sufre y entiende a Rocío de principio a fin. De ahí que su acierto resida en el tono áspero y crudo que retrata, pues más que un drama, el director consigue incrementar la tensión y la agonía de un destino que se ve próximo y fatal, sin recurrir, como he dicho anteriormente, a la lágrima fácil, resultando creíble y cruda la visión de su director.

Mantiene el interés desde el minuto uno, y en cinco minutos nos ha descrito al personaje de manera magnífica para entender la situación en la que se encuentra, que no es para nada fácil, para desarrollarlo mas tarde en un proceso de austeridad plena, que, desde luego, se maneja muy bien, manteniéndose cerca de Rocío durante toda la proyección…y no decae en ningún momento (muy meritorio en ese sentido). Además, sabe retratar muy bien el ambiente vecinal (atención a la vecina cotilla, o el emotivo personaje de su mejor amiga y vecina), como si fuera tu propia vecina la que esta pasando por esa situación, manteniendo una cercanía muy apropiada para que el espectador se impacte aún mas. Todo enmarcado en un momento donde el pueblo se quedó cegado entre el oropel de que España ganara la Copa del Mundo…un detalle magnífico que en la película se aprovecha de la mejor forma y mas sencilla (y que sirve como clímax catalizador de forma magnífica).

Pero todo esto sería en vano sino fuera por una interpretación de Natalia de Molina realmente increíble…la entrega de esta actriz ante el personaje que tiene entre manos es plena, y el pilar fundamental por el que se sostiene la cinta es ella (además de una dirección que tiene las cosas muy claras). Mas que con las palabras, es en la mirada de la actriz donde vemos la absoluta credibilidad que transmite en todo momento, y no baja la guardia en ningún instante, siendo impactante su desarrollo y su sufrimiento interno que, desde luego, transmite a la perfección, y por ahora, la mejor interpretación femenina a nivel nacional que he visto durante este año 2015 ( la nominación al Goya cae seguro). Aún así, esta perfectamente acompañada de un grupo de actores estupendo, donde cabría destacar al debutante Jaime López (y que está realmente bien) y a una maravillosa Mariana Cordero (sus escenas son las únicas esperanzadoras de la pelñicula)

Sin música que la acompañe en ningún momento (lo que aumenta la sensación de crudeza y sequedad del film), Techo y comida es un reflejo de la crisis visto desde el punto de vista de una persona que la vive en sus propias carnes, sin necesidad de criticar continuamente al gobierno o a la sociedad…las imágenes y las acciones bastan por sí solas, centrándose únicamente en cómo puede sobrevivir una madre soltera y sin trabajo cuidando a su hijo. Es cierto que en estos instantes representar estos dramas puede llegar a resultar algo cansino para el público (sobre todo porque no queremos volver a vivirlo), pero creerme que esta película consigue conmover sin necesidad de recurrir ni a la lágrima fácil ni al film de denuncia social…resulta un drama angustioso que te mantiene pegado a la butaca de principio a fin y que sirve como documento de lo que ha pasado, y que sigue pasando, en nuestro país de forma magnífica. El mejor retrato de la crisis española que se ha estrenado hasta el momento.

Nota Factoría del Cine: 7

Manu Monteagudo

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