Ideales…ay, los ideales. Qué fácil es aferrarnos a ellos pero qué difícil es separarnos de ellos. No seré yo quien entre en el debate sobre si en determinado sector político o social los ideales nos mueven hacia el camino de nuestra personalidad porque sería entrar en un terreno donde la personalidad de cada uno y sus circunstancias son las que mueven dichos ideales. Hablo de esto porque la película Paulina habla muy bien y de forma muy objetiva (bueno,es un decir) sobre este tema de manera que nos trastoca la mente, pensando sobre si nuestros ideales los llevaríamos hasta las últimas consecuencias, dejando de lado consecuencias políticas y sociales. Esta película, que ha obtenido infinidad de premios, incluido el Festival de San Sebastian (donde se llevó el Premio Horizontes, el Premio TVE-Otra Mirada y el Premio de la Juventud) y en el Festival de Cannes (donde ganó el Premio de la Crítica), llega ahora a nuestras pantallas, con la idea de remover conciencias de la manera que menos os podríais imaginar.

Paulina (Dolores Fonzi), 28 años, decide dejar de lado una brillante carrera como abogada en Buenos Aires para dedicarse al activismo social en una zona situada entre Argentina, Paraguay, y Brasil.

Esta es la sinopsis oficial que dice la película, y es la más adecuada para intentar contar lo menos posible del mismo. Desde la primera escena, Paulina nos presenta a su personaje principal en una discusión con su progenitor para marcarnos el carácter fuerte de ambos, aferrados a unos ideales que, como dije antes, son difíciles de olvidar y de separarse de los mismos. Ya entre sus dos personajes centrales nos muestra un enfrentamiento de pensamientos que viene de perlas como presentación y síntesis del carácter fuerte de sus dos protagonistas; porque cuando el film entra en el verdadero núcleo, precisamente son las ideas el conflicto principal del film, pese a que superficialmente puede parecer otro (y muy marcado). Y es ahí donde Paulina acierta de lleno en un libreto muy interesante de hasta cuan lejos podemos llegar al aferrarnos a nuestros ideales, donde sobrepasa el límite de lo que está bien o esta mal. Y en ese sentido, se posiciona en la mejor postura de todas…en la de no juzgar a ni uno de los personajes, centrándose primordialmente en su personaje principal para que intentemos entender, algo que es muy difícil de asimilar.

Por eso, el pilar fundamental del film (además de su libreto) es una actriz protagonista que tenga que reflejar el estado mental por el que se debe encontrar su personaje, y no han podido escoger a mejor actriz que Dolores Fonzi, porque la película sin ella, no habría sido lo mismo. Su mirada fuerte, y por momentos impasible, ante su nuevo destino resulta crucial para entender todo lo que ronda por la cabeza de este personaje, que dice más con el gesto que con las palabras, de ahí que no me extrañe las alabanzas que ha tenido la actriz porque su labor en esta película es fantástica y muy importante para que el discurso del film, funcione por completo. Aún así, esta perfectamente acompañado de un soberbio Oscar Martínez que la acompaña en sus escenas a la perfección y que ofrece la intensidad adecuada para que el enfrentamiento a la hora de pensar entre ambos ofrezca momentos excelentes. El resto de actores cumple con bastante corrección (aunque hay instantes donde es ininteligible lo que dicen debido al idioma).

Pese a todo, fue en el tono totalmente frío y distante donde el film no terminó de convencerme del todo, pese a contar con un libreto harto interesante, y seguramente sea por la posición objetiva que pretende realizar su director. Esta decisión, la mas lógica, aunque también la mas fácil, impiden que el espectador se involucre en su estado mas pleno, y aunque nunca llega a distanciarnos del todo, su tono áspero que impide que simpaticemos con los personajes logra una cierta desidia narrativa que, en determinados instantes, me dejaba de interesar (como cuando el film se enmarca en otro punto de la historia que, en mi opinión, interesa bien poco, por no decir que resultaba irrelevante, especialmente para lo que quiere contar el film). Intenta que el espectador sea comprensible ante ciertos actos que se han cometido, y desde la opinión de un servidor, creo que no hacía falta para el rotundo discurso que quiere proponer el film.

Pero, aún así, Paulina resulta un film muy interesante por los temas que plantea y cómo los plantea desde su libreto. No es nada fácil demostrar unas firmes creencias sin que tu castillo de naipes se derrumbe y esta película lo transmite tan bien, gracias también a una interpretación magnífica de su actriz protagonista que, pese a cierto defectos de su ritmo y de su frialdad narrativa, el film consigue removerte por dentro. El plano final, con los títulos de crédito incluidos, transmiten a la perfección ese grito mudo que se nos quiere transmitir en todo un relato de contención dramática.

Nota Factoría del Cine: 7

Manu Monteagudo

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