El director Noah Baumbach es una de las figuras más representativas del cine independiente al otro lado del charco. Prácticamente, todas sus películas han contado con el beneplácito de la crítica al narrar historias cotidianas en la que la disfuncionalidad de sus miembros parece su marca de la casa. Parece como si estuvieran marcadas por el mismo patrón (en opinión de un servidor), con unos personajes con problemas que tienen relación con la familia o sus respectivas parejas. Por eso, no es de extrañar que Baumbach se interesara por la actriz Greta Gerwig, una de las nuevas figuras de la comedia americana independiente, y que a raíz de su primera película juntos, su química se disparó hasta tal punto de actualmente forman una pareja juntos. Y Gerwig, cuya carrera esta disparándose como la espuma (aunque a mi no me parece una GRAN actriz , pues casi todos sus papeles me resultan bastante parecidos unos de otros), es ahora una de las protagonistas de la última película de este director, Mistress America, una comedia ligera por encima de la media en la que sus diálogos son el pilar fundamental de la cinta.

En MISTRESS AMERICA, Tracy (Lola Kirke) es una alumna de primer curso de universidad que estudia en Nueva York y que se encuentra sola, pues no ha hallado la apasionante experiencia universitaria ni el sofisticado estilo de vida que ella había imaginado en la metrópoli. Pero cuando su futura hermanastra, Brooke (Greta Gerwig) –que vive en Times Square y es una muchacha al día de cuanto ocurre en la ciudad– la acoge, se ve rescatada de su decepción y seducida por los planes, fascinantemente locos, de Brooke.

Comentaba antes que el pilar fundamental de que Mistress America funcione es en base a unos diálogos que no cesan en ningún momento, y que en determinados instantes resultan impagables. Ahora bien, recuerdo que al iniciarse la proyección, el film me resultó harto cargante debido al incesante ritmo de estos con el que Baumbach adorna el film. Con esto quiero decir que durante la primera media hora cuesta acostumbrarse a la velocidad con la que sus personajes hablan sin cesar, provocando una irritación respecto a los personajes que, afortunadamente, se va disipando a medida que avanza el film. Esto se consigue por que, debido a que aún no nos ha dado tiempo de asimilar su propia historia, cuando esta se asienta en su conflicto principal, el film consigue encontrar su razón de ser en esos diálogos, provocando así que en la misma se encuentren momentos cómicos debido al diálogo, que, ya os lo digo así, son de lo mejor que he visto en comedia durante este año, y que recuerda al mejor Woody Allen ( la escena de 15 minutos en la casa de la amiga con siete personajes involucrados es una auténtica delicia).

Baumbach narra esta historia desde un prisma la mar de sencillo y ligero, pero sin desmerecer el carácter cómico que a veces se encuentra en el relato, y funciona al no exceder el patetismo de los personajes, a los que parece que quiere con locura en su libreto. Debido a sus honestas pretensiones, Mistress America funciona como un relato sobre la autosuficiencia en la que sus personajes viven en una vorágine de sociedad (neoyorquina en este caso) que no para de moverse a una velocidad de vértigo, y como tal, su director lo transmite muy bien, gracias a un ritmo, como ya comenté antes, que realiza una labor impecable, ya que, además de que posee una duración hartamente agradecida (84 minutos), el film se pasa en un suspiro, gracias a la agilidad de sus diálogos que apenas dan tregua. Ademas, para terminar de rematar el buen rollo que quiere transmitir la película, viene acompañada de una banda sonora y una selección musical estupenda que da con el tono justo que el film requiere.

Pero también el mérito cabe encontrarlo en unos actores en estado de gracia que disfrutan de sus diálogos de manera brutal. Ninguno pretende lucirse especialmente por que se meten en sus personajes con un equilibrio justo para no caricaturizar del todo a sus personajes, lo cual tiene mucho merito, por que podría haber caído en un exceso que, por fortuna, se ha conseguido evitar (ya bastante tienen con manejar el ritmo del diálogo, y que, créanme, no es nada fácil), especialmente complicado en su dúo protagonista, en las que Lola Kirke (que es casi una doble de Jennifer Lawrence) y Greta Gerwig consiguen dibujar a sus personajes de manera algo estrambótica pero sin caer en el paroxismo, pues a medida que avanza el film, van viéndose las costuras de cada personaje (especialmente destacable es el caso del personaje de Brooke).

Así, Mistress America es un film simpático y ligero que posee momentos que son un manjar en el género de la comedia, pero en la que cuesta, en un principio, adecuarse a su excesiva verborrea, pero de la que afortunadamente, encuentra su razón de ser dando tonalidad a la película. Lo que al principio parecía algo cargante, poco a poco el espectador se acostumbra a estos personajes que, a pesar de ser algo extremos, resultan bastante cercanos, en un relato de autosuperación que consigue llegar a la audiencia con facilidad y buen hacer. Entretenida y divertida a partes iguales, su director Noah Baumbach, seguramente haya conseguido su film mas divertido, y aunque esté lejos de ser una gran película, si que consigue que su visionado se pase en un suspiro y con una permanente sonrisa en la cara.

Nota Factoría del Cine: 6,5

Manu Monteagudo

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El director Noah Baumbach es una de las figuras más representativas del cine independiente al otro lado del charco. Prácticamente, todas sus películas han contado con el beneplácito de la crítica al narrar historias cotidianas en la que la disfuncionalidad de sus miembros parece su marca de la casa....