Richard LaGravanese, repasando su filmografía, parece un director que está especialmente cualificado en dirigir cintas que están realizadas para encandilar al público, a base de buenas intenciones. En realidad, lo primero que vi de este realizador fue su segmento de la película Paris Je Taime, Pigalle, que estaba protagonizado por Bob Hoskins de cuyo segmento…difícilmente recuerdo, pero al año siguiente estrenó película con Hillary Swank en Diarios de la calle, una producción que contaba la historia de instituto que hemos visto infinidad de veces en el cine (siendo la culpable de ello el clásico de los 90 Mentes Peligrosas) pero que, por fortuna, resultaba bastante entretenida y amena (e incluso educativa, por qué no). Después realizó la que sigue siendo su película para románticos por antonomasia, Posdata: te quiero, un film simpático que nos contaba una historia de amor movida por la tragedia, y cuyos resultados fueron bastante decentes (y cuyo paso del tiempo la ha hecho de culto, prácticamente). Pero el tropezón llegó con lo que pretendía ser una saga fantástica parecida a Crepúsculo, Hermosas Criaturas, que se saldó con un fracaso de taquilla considerable, y en mi opinión, artístico (era un auténtico suplicio, que si se salvaba era por las presencias de Jeremy Irons y Emma Thompson en su reparto). Ahora, vuelve con otra historia romántica, pero, esta vez, en formato musical basada en una obra de este mismo género y ganadora de un Tony, Los últimos cinco años…y desde aquí os puedo comentar que me ha parecido una de las mejores sorpresas que me he encontrado este año.

Esta es la partitura de una historia de amor peculiar. Una historia de amor tan delicada como una melodía. Una historia de amor de principio a fin. O de fin a principio.
Cuando la joven Cathy Hiatt (Anna Kendrick), una actriz en ciernes, y Jamie Wellerstein (Jeremy Jordan), un aspirante a escritor, se enamoran perdidamente, la vida les sonríe. Cinco años después, incapaces de superar las dificultades de la vida cotidiana, lo único que les queda es una relación que desafina. Pero, ¿y si volvemos al principio? Cuando el amor se acaba, solo hay un modo de saber qué ha ocurrido: volviendo al inicio. Quizá descubramos que lo difícil no es dar el primer beso, sino saber cuándo dar el último.

He de decir que desconocía por completo el original teatral, de ahí mi sorpresa cuando me embarqué en un film donde, atención, no hay prácticamente ni un solo momento de respiro sin que los protagonistas de la misma, hablen: todo el film es cantado. Y yo soy de los que opina que mantener durante todo el film un incesante hilo musical puede llegar a hastiar, tal como me sucedió con otro musical como el de Los Miserables (que se me hizo profundamente pesada al conocer de arriba abajo su original literario), pero he aquí mi sorpresa que no me ocurrió con Los últimos cincos años. Al comienzo puede llegar a descuadrar e incluso a irritar que el film sea un cúmulo de canciones que no da fin, pero el relato consigue encontrar su sitio y, sobre todo, su tono. Un tono que recuerda irremediablemente a la comedia romántica 500 días juntos por concebir una historia de amor desde todos los prismas posibles, y lo cierto es que el resultado sabiamente agridulce que quiere transmitir el relato se consigue perfectamente.

Se consigue perfectamente gracias a varios factores: a un montaje que da saltos en el tiempo sabiamente (especialmente porque sabe cuando debe acudir a sus personajes en los momentos precisos, tanto en sus momentos donde estalla el amor o en aquellos donde la crisis matrimonial hace acto de presencia, siendo ella la que da comienzo con la crisis y él con la explosión de amor para después ser totalmente lo opuesto), manteniendo un ritmo que se afianza cada vez más a medida que va avanzando el metraje (y en esto es toda una hazaña que el film no resulte cansino cuando se trata de un musical donde no se habla); por una canciones que, aún teniendo un hilo musical constante y a veces bastante forzado, consigue una letras de una frescura y fluidez que producen ritmo al propio relato, especialmente sabiendo alternar sus tonalidades de forma sólida (alterna los momentos dramáticos con los cómicos de forma estupenda y muy consecuente), y es todo un merito que se mantenga por su propio pie cuando la misma…carece del número musical típico de Broadway, pues aquí no hay bailes ni números coreografiados (siendo las letras su punto mas fuerte, desde luego); y, por último, los actores.

Quería dejar un párrafo aparte pues, tanto Jeremy Jordan como Anna Kendrick están estupendos y son los que mantienen la película a flote en TODO momento. Son los únicos protagonistas de la película, no existen siquiera secundarios, y que salgan de dicha tarea completamente vencedores, es digno de elogio. No solo por sus meritos como cantantes (que, desde luego, son increíbles…los dos), sino porque saben profundizar en sus personajes de forma magnífica, y nos creemos a esta pareja de jóvenes porque, además, de que su guión los perfila muy bien a través de las canciones (véase el brillante número musical de Cathy realizando una prueba para un musical), los dos actores expresan maravillosamente el sentimiento por el que pasan los personajes, y nos los creemos ciegamente (atención al número Jaimie mostrando su culpabilidad de acostarse con otras mujeres). Nos hacen ser partícipes de esta relación, y que entendamos los motivos de cada uno que les lleva hacia un destino de no retorno.

A esto también ayuda muchísimo que la mayoría de los números musicales estén rodados en planos secuencias (véase la pedida de matrimonio…uno de los mejores números del film, sin duda), lo que transmite mayor naturalidad a sus actores y sobre todo a su carácter teatral, lo que implica que el espectador se involucre más en la vida de esta pareja. Así que, puedo decir que Los últimos cincos años me ha parecido la mejor película de su director por conseguir un musical fresco y bastante emotivo con los menores medios posibles. Desconozco si el original teatral es mejor o no, pero más o tanto da…aquí lo que estamos analizando es su valor como película, y como tal, resulta una propuesta estupenda, muy notable por la sencillez con la que aborda temas tan complejos como el amor y cómo éste puede desvanecerse con el tiempo. Lo dicho, toda una sorpresa, que sin ser perfecta, resulta satisfactorio a todas luces.

Nota Factoría del Cine: 7

Manu Monteagudo

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Richard LaGravanese, repasando su filmografía, parece un director que está especialmente cualificado en dirigir cintas que están realizadas para encandilar al público, a base de buenas intenciones. En realidad, lo primero que vi de este realizador fue su segmento de la película Paris Je Taime, Pigalle, que estaba protagonizado...