Me ha extrañado ver que en las aspirantes a los Oscar en el apartado a Mejor Película de Habla no Inglesa, la alemana Victoria no se encuentre entre las candidatas, siendo La conspiración del silencio la seleccionada para aspirar a este premio. Puede llegar a entenderse tal decisión por tratar el tema de la posguerra de forma clásica en un thriller bien armado y sólido, pero me ha resultado extraño que no sea Victoria la que se llevara tal mérito, pues ha sido la triunfadora de los Lola (Festival de cine Alemán) llevándose consigo a casa 6 premios de los cuales se encuentran el de Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actor y Actriz…lo cual no es moco de pavo. Quizá no hayan querido arriesgarse tanto ante una película que supone toda una experiencia para el espectador, en una propuesta de lo más valiente y arriesgada al concebir este film en un solo plano secuencia (real o no…no tengo ni idea, pues llegas a olvidarte de que está rodada de tal forma) en la que sus 142 minutos se pasan a tiempo real. Por lo que a mi respecta, me ha parecido uno de los films más fascinantes del 2015 y, aquí no exagero, de los últimos años.

En el famoso barrio berlinés de Kreuzberg, la cámara es testigo durante dos horas de todo lo que le pasa a Victoria (Laia Costa), una chica española que se acaba de mudar a Berlín.Victoria conoce a Sonne (Frederick Lau) y sus tres amigos, para los que la noche acaba de empezar y que prometen enseñarle el Berlín de verdad. Una deuda que debe ser recompensada y la conexión especial entre Victoria y Sonne, desencadenarán una serie de acontecimientos que provocará un giro total en su vida.

Quiero comentar una anécdota que ocurrió en el pase de prensa, y que sucede en contadas ocasiones (es más, es la primera vez que me ha ocurrido): es la primera vez que al finalizar la proyección, la sala desembocara en aplausos. Algo poco común en este tipo de pases, y que pone en tela de juicio la calidad del propio film, que fue prácticamente unánime, dejando a todos los espectadores allí presentes atónitos y exhaustos ante los 142 minutos de proyección de Victoria.

Dejando esa anécdota aparte, Victoria es una montaña rusa que va subiendo sin que nunca encuentre su fin. El crescendo emocional que consigue su director resulta elogiable, pues durante su primera hora presenta a sus personajes de forma maravillosa sin que sean las palabras las que las describan, sino sus acciones. Así, la cámara, que siempre acompaña a nuestra protagonista Victoria, es testigo de cómo su personaje central, al que va perfilando poco a poco con pequeños detalles, ve transformada su vida en los 142 minutos que dura la película…comenzando todo en una noche de fiesta, para desembocar en todo un desenfreno que te mantiene pegado al asiento con una facilidad pasmosa. Al comienzo, puede que el espectador encuentre difícil esa conexión, pues hasta una hora de película, no empieza el verdadero conflicto de la cinta, pero su presentación resulta creíble (la amistad con personas desconocidas una noche de fiesta), cercana ( los diálogos que mantienen entre el grupo) y, por que no decirlo, mágica (el instante de la azotea), con instantes que son puro cine y que ponen los pelos de punta (la escena de Victoria tocando el piano es sublime por todo lo que representa). La película va presentando una historia de amor que, desde el comienzo, intuye que es imposible, con dos personajes centrales con los que el espectador simpatiza, y sabe dibujarlos, como he dicho antes, con acciones (el momento de Victoria asomándose demasiado a la azotea, describe mucho su estado emocional actual).

Y pasada la primera hora, prepárense para agarrarse al asiento, por que Victoria, comienza a liberar el thriller ciertamente frenético que quiere ser. No quiero desvelar mas de la cuenta, pero el film consigue un crescendo emocional en la que el público está completamente inmerso en el film…tanto o mas da que el film esté rodado en un plano secuencia, por que, así os lo explico, uno se olvida de que esta rodada así. Victoria consigue que te metas en la película y, como dije antes, va subiendo sin que exista un fin, y consigue un par de secuencias, que, así lo digo, te vas a arrancar las uñas (especialmente las del coche). Pero no solo con eso, consigue que sus personajes muten, viendo las costuras de cada uno, pues finalmente su protagonista, la que en su primera hora, parece una chica recatada, inestable emocionalmente (o eso es lo que parecen querer decirnos), es la que toma las mayores decisiones del film sabiendo que su destino depende de ella misma, al contrario que sus compañeros, que parecen muy duros por fuera, pero muy frágiles por dentro.

Unos personajes que están encarnados por unos actores excelentes, donde cabría destacar a su dúo protagonista, pues la química que existe entre ellos dos se establece desde el primer momento, sabiendo jugar muy bien sus bazas a base de miradas, gestos e incluso movimientos, resultando naturales y muy creíbles en la historia de amor que nos quiere mostrar. Tanto Laia Costa como Frederick Lau consiguen una cercanía con el espectador que hacen que simpatices de inmediato con ellos, pues su naturalidad es su mayor baza. Y aquí entra en juego, por supuesto, la labor del director de querer contar este film en un solo plano secuencia, desde luego, una decisión acertadísima y profundamente laboriosa (lo digo, dimití de preguntarme como habían conseguido esto, lo otro…) que hace que el espectador se adentre a tiempo real en esta historia, pues transmite perfectamente la sensación de todo lo que puede pasar en una noche de fiesta (su primera hora no va nada desencaminada a cualquier día de fiesta desenfrenada donde conoces a gente desconocida…es mas, a mi me ha pasado), y consigue el milagro de que su cambio tonal no resulte para nada abrupto…es mas, consiguen solaparse a la perfección sin chirriar en absoluto.

Acompañada ocasionalmente de una banda sonora melancólica que sabe integrarse en los momentos precisos que se requieren (precioso, fascinante e hipnótico resulta la segunda vez que entran a la discoteca como si fuera un éxtasis emocional), Victoria es una película que, una vez finalizada, te deja marcado, porque sabes que acabas de asistir a 142 minutos que son, pura experiencia y algo único. Consigue dejar huella e impactar debido a unos personajes perfectamente tratados y porque somos testigos a tiempo real, junto a su protagonista de una noche que puede cambiar la vida de una persona en un abrir y cerrar de ojos de la manera más inesperada. Lo dicho, incomprensible que no sea la aspirante a los Oscar en su respectivo país, pues Victoria resulta un PELICULÓN, como quien dice, y una de las experiencias cinematográficas más gratificantes, fascinantes y valientes que he podido visionar en una pantalla desde hace años. Lo dicho, recomendable no…de visión obligada.

Nota Factoría del Cine: 8

Manu Monteagudo

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