Según su página oficial, Xavier Beauvois “Nació en el norte de Francia en 1967. Se trasladó a París en cuanto pudo, decidido a convertirse en cineasta. Después de conocer a los famosos críticos de cine Jean Douchet y Serge Daney, empezó a trabajar como ayudante de André Téchiné y Manoel de Oliveira. A los 23 años escribió, interpretó y dirigió el largometraje NORD (1990), por el que fue nominado a dos César, a la Mejor Película Novel y al Actor Más Prometedor. A esta primera película le siguió NO OLVIDES QUE VAS A MORIR (1995), por la que ganó el Premio del Público en el Festival de Cannes, así como el prestigioso Premio Jean Vigo. Después de participar en el Festival de Venecia en dos ocasiones, con SEGÚN MATTHIEU (2000) y LE PETIT LIEUTENANT (2005), fue aclamado internacionalmente por DE DIOSES Y HOMBRES (2010), ganadora del Premio del Jurado en el Festival de Cannes y del César a la Mejor Película”. No os voy a engañar, no he visto ninguna de sus películas (aunque me he quedado con muchas ganas de ver De dioses y hombres), pero nunca es tarde para estrenarse con una de sus películas, y aquí entra en escena El precio de la fama, que se estrena entre nosotros como si se tratara de una comedia agradable que se inspira de un hecho real harto curioso…

Años 70 en Vevey, a orillas del lago Ginebra. Al salir de la cárcel, Eddy Ricaart (Benoit Poelvoorde) va a casa de su amigo Osman Bricha (Roschdy Zem). Han acordado que Eddy cuidará de Samira (Seli Gmach), la hija de Osman, mientras su esposa Noor (Nadine Labaki) está ingresada. La falta de dinero se hace más patente en vísperas de Navidad. Cuando se enteran de que el riquísimo Charlie Chaplin acaba de fallecer, a Eddy se le ocurre una idea: robar el féretro con el cuerpo y pedir un rescate.
El precio de la fama puede llevar a engaño a muchos espectadores que piensen que se encontrarán ante la típica comedia francesa agradable y amable, y aunque las buenas intenciones que destacan en este tipo de cine se mantienen vigentes, el tono por el que deambula el film es todo lo contrario: el paisaje por el que se mueven nuestros protagonistas resulta triste, desolador y sin apenas un atisbo de esperanza. El film marca mejor su territorio dramático para que nos preocupemos por sus personajes, que están muy bien descritos sobre el papel (y por sus actores), viendo la desesperación por la que se tienen que mover, y la comedia (que os aseguro, aparece en muy contadas ocasiones) destaca mas por simpatía que por sus gags humorísticos (estos, apenas inexistentes).Por eso, aviso a ciertos espectadores que si quieren encontrarse una comedia donde troncharse de risa, El precio de la fama no es su película mas indicada, ya que lo que mas pretende es generar una cierta simpatía con sus personajes ante el desolador mundo que los rodea, decantándose mas por el drama que por la comedia, desde luego…
Aunque si hay que destacar el punto mas cómico del film, desde luego todo el mundo se quedara con un nombre, y ese es Benoit Poelvoorde…este actor francés que hemos visto en infinidad de comedias francesas (y en algunas no tengo tan buen recuerdo de el debido a su histrionismo), realiza aquí la que, por ahora, me parece su mejor interpretación. Desde el primer minuto de la función el actor se gana al público, y no por su carácter cómico, sino por todo lo contrario…el espectador, aunque desconozca su pasado, sabe por su rostro un pasado o incluso un carácter con tintes dramáticos que el actor perfila a la perfección y se camela a la audiencia en cuestión de segundos…y por eso, su carácter cómico, cuando aparece, funciona tan bien, por que no parte de histrionismos ni de caricaturas, siendo su simpatía, y la honestidad de su interpretación la que consiguen que se coja cariño al personaje (las llamadas telefónicas, la preparación de la carta con las fotos…).En ese sentido, Benoit Poelvoorde resulta especialmente encantador en esta película, y consigue un personaje entrañable con los mínimos elementos…

Aunque el resto del reparto tampoco desmerece, pues Roschdy Zem resulta un estupendo compañero que está creíble en su papel de padre de familia que debe sustentar a su familia como buenamente puede, aunque me gustaría destacar la presencia de un secundario de lujo como es Peter Coyote…sencillamente maravilloso en cada una de sus apariciones, y de una presencia fantástica (el momento bofetada intimida a cualquiera). Y me gustaría destacar un personaje más en la misma película, y esa es la banda sonora de Michel Legrand…me ha parecido un acierto gigantesco contar con este grande de la música de cine (83 años tiene ya), porque consigue una atmósfera completamente fresca y nueva por la pomposidad y por lo arriesgado que resulta en su propuesta, ya que acompaña en el sentimiento de los personajes en todo momento, y el contraste entre la frialdad de sus imágenes y la grandilocuencia de su música funciona de maravilla para resaltar la esperanza de estos perdedores que tienen sueños por cumplir (magnífica escena muda, en la que a Eddy se le ocurre el plan…la música explica todo). Lo dicho, su banda sonora consigue que el film tenga un tono distinto y fresco por su valiente propuesta con escenas que hipnotizan por su comunión con las imágenes (como todo su clímax final, con una música que me recordó al ya fallecido Geroge Delerue).

El problema que le veo es que al mismo film le cuesta encontrar su propio tono, y el ritmo, sobre todo durante su primera mitad, se resiente, alargando escenas que se podían haber recortado y que en el film se alargan innecesariamente (como cuando roban la tumba de Chaplin…si no dura 10 minutos es que son más, créanme), porque, tampoco nos engañemos…no tiene mucho más que contar. Es como si se quedara a medias en sus objetivos porque como he dicho, como comedia no funciona (lo hace más por la simpatía y cariño que se le cogen a los personajes) y como drama resulta bastante áspero sin llegar a emocionar en ningún momento. No es film que pretenda ni busque hacer mella en el espectador, pero con una propuesta tan interesante como ésta, creo que sus creadores pudieron aprovecharla más.

Y aún con todo El precio de la fama es un film minimamente disfrutable que destaca principalmente por una excelente interpretación principal de Beoit Poelvoorde y por una gran banda sonora de Michel Legrand que incluso conseguirá que termines tarareando su melodía principal. Es cierto que se pudo aprovechar mas y mejor, pero es sus buenas intenciones quedan patentes, y su sencillez y honestidad priman en un relato bastante curioso de un hecho real que, en boca de un servidor, desconocía por completo.

Nota Factoría del Cine: 5

Manu Monteagudo

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Según su página oficial, Xavier Beauvois 'Nació en el norte de Francia en 1967. Se trasladó a París en cuanto pudo, decidido a convertirse en cineasta. Después de conocer a los famosos críticos de cine Jean Douchet y Serge Daney, empezó a trabajar como ayudante de André Téchiné y...