El primer párrafo de Ricki podría dar para mucho si para ello hablamos de sus máximos responsables, y aquí tenemos tres nombres de peso: Jonathan Demme, Diablo Cody, y por supuesto, Meryl Streep. Del primero podríamos decir que se trata de uno de los directores mas polifacéticos del panorama actual, capaz de crearte uno de los mejores thrillers de la historia (El silencio de los corderos), como si bien te crea un drama que en su época, resultó ser uno de los mas liberales del momento por su discurso (Philadelphia). De la segunda, una de las guionistas que, digámoslo así, fue flor de un día a raíz del guión de Juno, por el que ganó el Oscar, pero cuyos pasos posteriores se vieron abocados al fracaso (con todo el merecimiento…aún me estoy recuperando del bodrio de Jennifers Body). Y de la tercera…pues digámoslo así, es la ACTRIZ por antonomasia de la actualidad, de cuya carrera no hace falta ni analizar. Tres componentes muy sugerente y muy llamativos para hacer de Ricki una propuesta que consiga atraer al espectador a las salas…y ese es el objetivo primario del film, desde luego.

Meryl Streep es Ricky Rendazzo, una heroína de la guitarra que cometió innumerables errores al perseguir su sueño de alcanzar el estrellato en el rock and roll. Al volver a casa, Ricki Rendazzo logra un atisbo de redención y la oportunidad de reconciliarse con su familia a través de la música.

Ricky es un lucimiento total y absoluto para Meryl Streep…pero ojo, no estoy hablando de su faceta como actriz (cuyo papel no está entre sus mejores interpretaciones ni de lejos…ni siquiera creo que esté nominada al Oscar este año y si lo hacen será por llevar la rutina de nominarla cada año), sino de su faceta como cantante. El film parece un vehículo exclusivo para que la actriz venda discos como churros, y lo cierto, esto es innegable, es un placer verla disfrutar sobre el escenario con adaptaciones de canciones míticas donde la intérprete se lo pasa, así de sencillo, en grande. Aún así, como película, me supuso un problema, pues la sensación que me dio durante todo su visionado, es que el resto, mas allá de las canciones…interesa muy poco, como si sus creadores supieran que lo mejor que pueden hacer para vender la película a las masas es mostrar a Meryl Streep cantar un gran repertorio de canciones míticas, ya que el guión, que pisa lugares comunes por doquier, resulta tan básico que su director prefiere centrarse exclusivamente en el lucimiento de su protagonista…y así es Ricki durante todo el film.

Es un film que, desde luego, está concebido para gustar al público, pero con semejantes creadores detrás, hubiera faltado algo mas de mordiente, porque termina por resultar muy mojigata para el tema que plantea. Sorprende de Demme que no ofrezca intensidad en el drama cuando hace bien poco nos regaló un film notabilísimo como La boda de Rachel, metraje que guarda alguna que otra similitud (la inestabilidad de la familia), y sorprende de Cody que su libreto esté tan parco de ideas y sobre todo, de humor. Salvo algún que otro apunte, el humor y el conflicto dramático están mas vistos que el tebeo, y solo el buen hacer de sus actores mas veteranos (y recalco lo de veteranos) sacan a flote un film que

pueden transmitir por la televisión por cable sin ningún tipo de problema. Y es una pena, pues, aunque se deja ver con una facilidad pasmosa, el olvido al que deriva una vez terminado el film es tan inmediato que da rabio con semejante equipo detrás.

Acompañando a la Streep, tenemos a un fabuloso (como casi siempre) Kevin Kline que consigue una química con la protagonista esplendida, y cada vez que aparecen los dos en pantalla (que es siempre, digámoslo ya), ésta se llena de magia (la escena de la marihuana es encantadora); a una Mamie Gummer (hija en la vida real y en la película de Meryl Streep) que no me resultó creíble en su papel de mujer deprimida por la ruptura de su novio (resulta tan exagerado y con tantos tópicos su personaje, que la actriz, es cierto, poco puede hacer, pero tampoco ofrece muchos matices a su personaje…es mas, no ví ninguno interesante); y a un Rick Springield estupendo, y que es el que posee el conflicto dramático mas interesante y mejor llevado (la canción de amor entre los dos es un instante maravilloso)

Ricky es así un film que, mas que un film, es una promoción para vender el disco de Meryl Streep. Una amalgama de canciones cantadas por la misma actriz que, debe ser la única razón por la que se decantó por este proyecto que está plagado de lugares comunes, y con semejante director y guionista (aunque a ésta última mejor me la ahorro pues su momento pasó a mejor gloria) todavía me sorprende más. No hay nada en el libreto que se salga de la tangente, ni una coma siquiera, y su director se dedica a cumplir y a realizar su trabajo lo mejor que pudo, aunque la sensación que termina dando es que sus creadores se lo pasaron mejor que nosotros, desde luego. Aun así, repito, se deja ver, pero no es gran cosa.

Nota Factoría del Cine: 5.

Manu Monteagudo

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El primer párrafo de Ricki podría dar para mucho si para ello hablamos de sus máximos responsables, y aquí tenemos tres nombres de peso: Jonathan Demme, Diablo Cody, y por supuesto, Meryl Streep. Del primero podríamos decir que se trata de uno de los directores mas polifacéticos del panorama...