Amar, beber y cantar es el testamento cinematográfico de su director, Alain Resnais, que nos dejó el 1 de marzo de 2014 rodando su último film con 91 años…repito, 91 años. Es cierto que no soy admirador de su cine, pero se merece todos mis respetos un director que amaba el cine hasta su muerte, acompañándolo toda su vida, incluso a una edad en la que uno se sorprende cómo a esas edades puede llevar a cabo la dirección de un largometraje (otro ejemplo también a seguir es Manuel de Oliveira). La única experiencia que he tenido con su cine fue en 2009 con el estreno de las malas hierbas, una cinta que, en opinión de un servidor, supuso un auténtico suplicio, pues a pesar de las maravillosas críticas obtenidas, no vi signos de genialidad por ninguna parte en una película aburrida, carente de sentido y, por supuesto de interés. Por eso, acudí con miedo al visionado de Amar, comer y beber, pues esperaba una propuesta similar que, por fortuna, no se ha repetido, tratándose de un trabajo final que, más adecuado, no podía ser.

En medio de los ensayos de una obra de teatro amateur, Colin y Kathryn reciben la noticia de que a su amigo George Riley le quedan pocos meses de vida. El matrimonio lo invita a que se una a ellos en la obra, lo que desatará un torbellino de emociones, no sólo para Kathryn -quien fuera el primer amor de George-, sino también para sus amigas Tamara y Mónica y sus respectivas parejas.

La propuesta de Amar, beber y cantar es bastante curiosa, y parte del encanto que desprende este film, es por, precisamente, llevar su premisa sin traicionarse a si misma en ningún momento. El film, que pretende contarnos esta historia como si de una obra teatral se tratara, nos habla, a través de tres historias que tienen en común a un hombre (que nunca vemos, pero del que giran todas las tramas), como nuestra vida normal y corriente resulta teatralizada por las situaciones que nos rodean. Y el director Alain Resnais juega con el meta-teatro de forma bastante efectiva (aunque por momentos quede demasiado evidente la forma en la que juega con su propuesta) a través de una escenificación teatral en las afueras del hogar (las terrazas en este caso), y funciona por su sencillez y por dejar que sean sus personajes (y sus actores) los que lleven el mando de la historia, que en este caso, funciona por su forma de enredar la comedia de forma sutil y bastante acertada en su tratamiento.

También es innegable que se trata de un film ligero, que no pretende ir mas allá de una propuesta que de curiosa, no pasa. La historia de tres mujeres obsesionadas por un hombre que vive sus últimos días y el conflicto que surge con sus respectivas parejas resulta interesante en su libreto, pero cuya ejecución, debido a su simpleza de planteamiento (y aún así, resulta efectivo), no resulta perdurable…aunque tampoco lo pretenda. Se agradece de todas maneras, un estado melancólico, que, supongo, vendría a colación por los últimos momentos del cineasta, poniendo en tela de juicio a unos personajes, cuyos frutos han pasado a mejor vida, y que a la menor oportunidad de volver a retomarlo, se aferran a esa esperanza de poder dar un cambio en sus vidas. Su moraleja funciona por la madurez ( e inmadurez, todo hay que decirlo) con la que trata a sus personajes y se nota un especial cuidado y cariño en ellos.

Interpretativamente hablando, el film es un lucimiento total para sus actores y aunque algunos me parezcan mas sobreactuados que otros (sobre todo Sabine Azéma, aunque su personaje pida un punto irritante que no le viene nada mal), el resultado en este apartado es de lo mas óptimo, sobre todo por que vemos un cambio en todos ellos de forma progresiva que resulta creíble y aprovechado por sus intérpretes. Lo único que me ha descolocado y chirriado sobremanera es la banda sonora de Mark Snow, que resulta cargante en los momentos en los que aparece. Por lo demás, Amar, beber y cantar es un film póstumo bastante agradable que nos habla de las oportunidades a través de espacios teatralizados para dar la sensación de que la vida, es puro teatro. Una despedida de un hombre que ha vivido para el cine y que aquí nos deja un final alegre (aridulce tambiñén) de la que deja un poso en el espectador simpático y entrañable.Hasta siempre Alain Resnais.

Nota Factoría del Cine: 6

Manu Monteagudo

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