Cuando la conversación de cual es la mejor película deportiva de todos los tiempos, una que nunca falla en la lista de candidatos es ‘He got game’, del cineasta neoyorquino Spike Lee. Pero, pese a todo, este film del año 1998 no es solo un film sobre deporte al uso, es como muchos otras obras del director afroamericano, un retrato social, una historia más del ghetto. Aunque esta vez se relacione con un deporte tan unido a la comunidad negra de clase baja como es el baloncesto. Esta combinación social y deportiva, unida a la maestría cinematográfica de Lee, da lugar a un resultado obvio: una obra maestra.

Jesus Shuttlesworth, interpretado magistralmente por el reconocido baloncestista de la NBA Ray Allen, es un chico más del barrio en Coney Island, uno de los suburbios de Brooklyn, Nueva York. En su último año de escuela, las mejores universidades del país y los equipos profesionales de la NBA se lo rifan para hacerse con sus servicios, y, en medio de todo ese revuelo, aparecen también los chupansangres de turno que quieren sacar tajada del prometedor futuro de Jesus. Una historia nada ficticia, por otra parte, y que podemos ver cada cierto tiempo en las canchas de la NBA, con su historia forjada en parte a base de muñecos rotos salidos de los projects (Allen Iverson, Vin Baker, Antoine Walker o Stephon Marbury entre los más recientes).

En medio de toda la marabunta alrededor de su persona, aparece su padre, Jake Shuttlesworth (Denzel Washington). Encarcelado por haber asesinado a su mujer y madre de Jesus, Jake intentará convencer a su hijo de tomar la decisión de unirse a la Universidad de Big State para así conseguir una reducción de su condena. De no hacerlo, el gobernador del estado no solo no recortará su estancia, sino hará todo lo posible por hacer su vida imposible en la cárcel.

Porque He got game no es solo una película deportiva como pueden ser muchas otras. Spike Lee narra aquí una historia de esa otra cara tan habitual del deporte americano, donde en muchas ocasiones la única salida del barrio se llama deporte, tanto para la propia estrella como para todos aquellos que se quieran enganchar a su espalda y escaparse de una vida sin salida. He got game es, también, la descripción de esa otra Nueva York, fuera de Manhattan y de todo el glamour de la Gran Manzana; es esa otra Nueva York, la de los afroamericanos, los puertorriqueños, los chulos, las prostitutas, el crack y la violencia. He got game es, al fin y al cabo, la película de los otros. De la otra cara de Nueva York, de la otra cara del deporte… de las caras de todos esos otros que pululan fuera de las burbujas del lujo del deporte y de la sociedad norteamericana.

He got game (y, evidentemente, su banda sonora obra de Public Enemy) es, simplemente, imprescindible.

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Cuando la conversación de cual es la mejor película deportiva de todos los tiempos, una que nunca falla en la lista de candidatos es 'He got game', del cineasta neoyorquino Spike Lee. Pero, pese a todo, este film del año 1998 no es solo un film sobre deporte al...