El género romántico vive una etapa actual donde los lugares comunes es el patrón marcado por casi todas estas películas. En mi caso, he de decir, que no me importa si la historia que nos están contando posee algún tipo de interés o por lo menos, que lo que se cuente, lo hagan bien. El secreto de Adaline se adentra en este género, aunque lo hace de forma harto clásica (lo cual, la beneficia bastante), con una trama fantástica que le da un punto de interés y con la que guarda similitudes con un film similar, como el dirigido por David Fincher, “El curioso caso de Benjamin Button” (un film muy notable, que durante su primera hora resulta prácticamente perfecto, pero que a medida que avanza termina siendo algo rutinaria, pero, aun así muy destacable). No por nada, se estrenó casi de tapadillo en Estados Unidos y se mantuvo firme durante unas cuantas semanas en la taquilla americana. Ahora llega a las pantallas este film romántico-fantástico protagonizado por Blake Lively y secundado por unos secundarios de lujo como son Ellen Burstyn y Harrison Ford.

Una joven, nacida a principios del siglo 20, queda por siempre joven luego de un accidente. Después de muchos años solitarios, conoce a un hombre por quien valdría la pena dejar de ser inmortal.

Durante los primeros veinte minutos de El secreto de Adaline el espectador consigue meterse en este relato con una facilidad pasmosa por varias razones, aunque una es la primordial y es la elegancia con la que su director nos está contando esta historia. Al desconocer la vida de nuestra protagonista, el espectador va descubriendo paso a paso el misterio de esta mujer, y consigue mantener el interés del relato por lo bien que nos la están contando. En ese sentido, la dirección cumple eficazmente al adornar el film con un tono melancólico, como si de cuento de hadas se tratara (muy en la línea de El curioso caso de Benjamin Button), en la que su correcta puesta en escena sabe cumplir eficazmente su cometido. Así, su fotografía aprovecha cada época de forma distinta con cierta elegancia, sin pretender lucirse, y su banda sonora (de Rob Simonsen) acompaña perfectamente a la película para darle el tono preciso, y en ese sentido, los elementos que intenta manejar el director, los maneja bastante bien…

Mejor que su guión, diría yo…pues ante una premisa tan interesante y con tantas posibilidades dramáticas, el film cae en el tópico de su historia de amor, resolviendo conflictos de forma forzada. El personaje de Adaline, que en un principio resulta harto interesante por ver como durante sus próximos minutos se verá desarrollado, termina por ser bastante plano al dar prioridad a una historia de amor que, aunque funcione (mas por la química de sus actores que por otra cosa), termina por ser lo mismo de siempre sin profundizar dramáticamente en las posibilidades que cabían en este personaje, y en la relación que mantiene con su partenaire. Aun así, el espectador se deja llevar, por que, repito, al menos, está bien contada y ejecutada en general, pero su guión termina por decantarse por el terreno fácil para poder llegar a un público menos exigente y mas proclive a visionar el mismo film romántico que espera ver (sin sorpresas que añadir a su argumento).

Afortunadamente, tenemos un trabajo interpretativo superior a la media, siendo Blake Lively la que consigue mantener a flote un personaje que pudo estar mejor, pero cuya actriz mantiene una presencia enigmática e hipnótica en la que se trata, con toda probabilidad en la mejor de su carrera hasta ahora. La seguridad con la que afronta su personaje es su principal baza para darnos cuenta de su prolongada edad, y sabe aprovechar a su personaje gracias a sus silencios y miradas que, seguramente, en su guión, no estén del todo incluidos (aunque no vamos a negar la evidencia, es un film para su lucimiento ante la cantidad de trajes y vestidos que adorna durante el film…a veces parece que asistimos a un pase de modelos).Todo bien secundado e interpretado ,aunque con las menciones especiales de una Ellen Burstyn que es puro encanto (desde luego, cada vez que aparece su personaje, la ternura que desprende se contagia al espectador en segundos) y un Harrison Ford que, lo tengo que decir, está magnífico (su carisma es indiscutible).

El secreto de Adaline es así un film romántico con tintes fantásticos que funciona por la corrección de sus formas y por unas estupendas interpretaciones que salvan un guión que no aprovecha las posibilidades de su historia. A pesar de ello, su sobrada elegancia compensan ciertos defectos de un film, que dentro de su género, resulta bastante salvable y disfrutable en su conjunto.

Nota Factoría del Cine: 5,5.

Manu Monteagudo

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