Desde sus inicios, he seguido con especial atención la carrera de Tarsem Singh. Este cineasta, que empezó dirigiendo videoclips tan icónicos como el de Losing my Religion de Rem, pone una especial atención en la estética cuidando cada plano al detalle, como si se tratara de un cuadro. Por eso, con su primera película, La Celda, nos dejó a todos boquiabierto ante el barroquismo visual del que hacia gala un film cuyo guión no hacía justicia a todo el derroche visual que ofrecía la puesta en escena de su director y que, desde luego, era la primordial causa de que el film fuera mejor de lo que pudo haber sido (ante un libreto desaprovechadísimo, y un reparto bastante desganado). Seis años después nos regaló la que es su obra maestra, The Fall, una auténtica obra de arte donde, y aquí sí, guión y estética se daban de la mano para contarnos uno de los mejores cuentos que nos han deparado en las últimas décadas (un film del que Terry Gilliam sentiría una envidia plena). En 2011 nos brindó con Inmortals un film que, aunque pudo estar mejor, seguía ofreciendo una carga visual que embelesaba los ojos (aún recuerdo esa violenta y estética pelea final) y al año siguiente nos regaló su divertida propuesta de Blancanieves, una propuesta infantil como si fuera de antaño que si funciona es por su condición de divertimento (aunque audiovisualmente era estupenda…como no). Ahora, después de tres años, nos llega su última película, Eternal, que cuenta con una idea de lo más interesante…y ya, porque os adelanto ya mismo que se trata de la peor película del director con bastante diferencia.

Un rico empresario con cáncer terminal (Ben Kinglsey) se somete a un procedimiento médico radical que consiste en transferir su conciencia a un cuerpo sano y joven. Todo va bien hasta que empieza a descubrir que el cuerpo que habita (Ryan Reynolds) pertenecía a una persona que lo vendió a cambio de dinero para su familia. Con este descubrimiento pondrá su vida en peligro ya que en este lucrativo negocio no pueden quedar cabos sueltos.

El mejor resumen que puedo hacer de Eternal es el siguiente: imagínense que La Celda no hubiera contado con la carga visual que su director había impreso en la misma…pues bien, eso es Eternal. Un film que no se quita la etiqueta de rutinaria en casi ningún momento del film por que la sensación que da la misma es que sus creadores no confían del todo en el proyecto. No hay pasión en lo que se cuenta y el espectador se adelanta tanto a los hechos acaecidos durante todo el film, que llega un punto a mitad del mismo, que el receptor se da cuenta de lo aburrido que está. Especialmente me choca encontrarme esto en una cinta del señor Tarsem, pues no hay apenas atisbos de su particular estilo. Da la sensación, por completo, de ser un film realizado por encargo pues sorprende ver que una película con un director semejante (que incluso en películas menores aportaba su recargado estilismo) la sensación que da es de una falta de personalidad alarmante…y señores, estamos hablando de uno de los directores que, visualmente hablando, es de los mas personales que hay ahora mismo en el panorama cinematográfico actual. Y no se si será por que el estudio le ha cortado las alas o por que necesitaba el cheque y ha contado este relato de la forma mas desganada posible, pero desde luego, se trata del film mas impersonal del director con mucha, mucha diferencia.

Es cierto, no lo voy a negar, que el trabajo de fotografía intenta mantener en algún que otro plano (no muchos, ojo) la personalidad del cineasta, pero no es suficiente, pues repito, no fascina ni embauca como fueron sus anteriores casos, y su historia, repleta de lugares comunes, tampoco lo hace. Es cierto que hay alguna secuencia donde veo que la personalidad del cineasta sigue intacta, haciéndome ver que no todo estaba perdido aún, y sirva como ejemplo ese estupendo montaje musical de nuestro protagonista viviendo el don de la juventud o alguna que otra secuencia de acción bien ejecutada como esa persecución automovilística nocturna…pero de nada sirve cuando lo que se está contando resulta tan poco apasionante ante una premisa que, desde luego, merecía un libreto mucho mejor (y por cierto, está escrito por los españoles hermanos Pastor), en la que el espectador adelanta los acontecimientos uno a uno. Tanto los personajes como su desarrollo están repletos de lugares comunes y no aprovecha una premisa tan sugerente y atractiva para sacarles jugo, lo cual, es una tremenda pena.

El reparto hace lo que puede ante semejantes personajes: Ryan Reynolds intenta mantener el tipo como buenamente puede, aunque le falta carisma dramáticamente (en sus primeros compases del film, si resulta acertado); Ben Kingsley es sin duda, el mejor del reparto y el que tiene la parte donde recae mayor interés (su primera parte, vaya) ; y Mathew Goode convincente, sin mas (aunque parece que repite un papel reciente del que no desvelaré mucho para no hacer ningún Spoiler).

Eternal es, pues, una cinta de ciencia ficción del montón que no aporta nada nuevo al género. Su libreto sigue los caminos mas trillados de este tipo de films y lo peor de todo, es que un director tan interesante como Tarsem Singh haya sucumbido al estilo rutinario de este relato con una propuesta visual fría y sin personalidad. Espero que esto haya supuesto un pequeño bache creativo en la carrera de este cineasta, para comprobar si, efectivamente, le han cortado las alas los directivos de arriba, o es que por el contrario, el talento de este director se ha ido al garete…confío en que sea lo primero, por el bien de todos.

Nota Factoría del Cine: 4.

Manu Monteagudo

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Desde sus inicios, he seguido con especial atención la carrera de Tarsem Singh. Este cineasta, que empezó dirigiendo videoclips tan icónicos como el de Losing my Religion de Rem, pone una especial atención en la estética cuidando cada plano al detalle, como si se tratara de un cuadro. Por...