Según las notas de producción “la directora Mariana Chenillo recibió mas de 20 premios con su primera película, Cinco días sin Nora (2008), entre los cuales están el premio a la Mejor Dirección en el Festival de Moscú, el premio “El abrazo” a la Mejor Película en el Festival de Cine Latinoamericano de Biarritz y el Astor de Oro a la Mejor Película en el Festival de Mar de Plata, así como siete Ariel otorgados por la Academia Mexicana de Cine. En 2010 participó con el cortometraje titulado La tienda de raya en la película colectiva Revolución, la cual se estrenó en la Berlinale de ese mismo año”. Sinceramente…desconocía el recorrido de esta directora, y la existencia de esta película, adentrándome en su visionado sin saber apenas nada sobre su argumento, y creo que es lo mejor que pude hacer, pues Paraíso, me ha supuesto una propuesta refrescante con un tono Indie que la beneficie mucho y cuyo “buen rollismo” contagia al espectador ante una premisa bastante compleja de llevar a cabo sin que salga mal parada en su objetivo, y esto, es el no posicionarse.

Carmen (Daniela Rinconá) y Alfredo (Andres Almeida) forman una feliz pareja, son novios desde la infancia y llevan una vida tranquila rodeados de familia y amigos. Alfredo a México D.F., una ciudad en la que pronto sentirán la presión y burlas por padecer sobrepeso. Carmen convence a su pareja para empezar una dieta juntos, al mismo tiempo que descubre que lo que realmente le hace feliz son sus nuevas clases de cocina.

El primer gran problema de una premisa como Paraíso y de la cual, la mayoría de las comedias de hoy en día caen en ese error, es intentar dar un mensaje aleccionador sobre el tema del sobrepeso tratándolo de una manera tan superficial y mecánica, que al final siempre se cae en el error de que la comedia fluye a través de este problema…afortunadamente, Paraíso no lo hace. No busca la risa del espectador por el hecho de que veamos a una pareja protagonista con sobrepeso, y ahí radica el mayor acierto de un film que busca la simpatía del espectador a través de lo enternecedores que resultan sus personajes. Es mas, el drama y el conflicto del film, es precisamente el cómo abordar en su vida diaria un cambio de peso que, puede suponer, un cambio en sus vidas…o no, y en ningún momento busca un culpable o un inocente…lo que su directora quiere transmitir es a personas abordando un nuevo rumbo a sus vidas sin que el espectador se posicione a favor de nadie, y en la que sale muy bien parada en ese aspecto. Tanto Carmen como Alfredo tienen sus propios intereses, y la directora los trata con total respeto para que no encontremos un villano o un héroe en la historia, y se agradece muchísimo ese cuidado por los personajes.

Funciona especialmente bien en una primera hora que atrapa al espectador con una facilidad pasmosa en su relato, y ofrece un entretenimiento ligero pero muy digno y bien ejecutado, que hace pensar que no caerá en los lugares comunes habituales en los que se suele caer en algunas de estas historias…desgraciadamente, en el último conflicto lo hace, y resulta algo forzado por la precipitación de las decisiones de algunos personajes, algo cogidos con pinzas. Básicamente, porque el espectador deja de creerse la historia a la que se estaba sometiendo, al mezclar ciertos tópicos que, más que ayudarla, consigue todo lo contrario, ya que al intentar jugar en otra liga de este tipo de películas, en su último acto el ritmo e interés de la historia se ven disminuidos y más que meternos en la película, nos saca de ella. Afortunadamente, su discurso no se resiente y eso que lo tenía fácil para que se dispersara en todo este último tramo.

Y desde luego, el pilar fundamental por el que se sostiene la película por si sola y que le da el tono perfecto a la misma recae en un dúo interpretativo que esta excelente. Tanto Daniela Rinconá como Andrés Almeida están impecables en sus respectivos roles y consiguen ganarse la simpatía del espectador con una facilidad pasmosa, pues sus personajes son cercanos y muy humanos, y los problemas a los que son sometidos son creíbles por las interpretaciones de estos dos actores. Así pues, Paraíso es una comedia agridulce que resulta bastante ligera y un soplo de aire fresco entre tanta comedia tontorrona de la que afortunadamente, esta cinta huye en la mayor parte de su trayectoria, apostando por una humanidad y cercanía en sus personajes que resulta enternecedora por la química que transmite su pareja protagonista y de la que sale bien parada ante un discurso que no se posiciona en ningún bando, comprendiendo a cada personaje en su respectivo circulo al que se ve sometido. Y se quiera o no, al final, el resultado global, sin ser excelente ni mucho menos, sí que consigue una ligera sonrisa de complicidad en el espectador que, en estos tiempos, se agradece bastante.

Nota Factoría del Cine: 6.

Manu Monteagudo

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