El año pasado el Festival de Cannes ofreció un buen repertorio de films harto destacables del que, afortunadamente, hemos tenido la oportunidad de visionar en nuestro país. La ganadora a Mejor Película del año pasado, Winters Sleep, se estrenó el año pasado en nuestras pantallas (con mas pena que gloria, aunque, afortunadamente, consiguió verse en salas), y su visionado, bastante denso debido a una duración de mas de 3 horas, me pareció hipnótico gracias a la magnitud de una propuesta aparentemente sencilla pero emocionalmente muy compleja. Pero ese año en Cannes apareció una película de la que se habló mucho y de la que también acaparó el premio a la Mejor Película en el apartado Una cierta mirada, y esa fue White God, que con una propuesta harto original dejó al público fascinado. Ahora, tenemos la oportunidad de visionar dicho film, y aquí un espectador que ha tenido la oportunidad de verla, ya os está recomendando el visionado de una película que, desde luego, ofrece una visión pocas veces vista en la pantalla de la sociedad actual, y algunas de sus imágenes se os quedarán grabadas en la retina

Una nueva regulación impone un fuerte impuesto a todos los dueños de perros que no sean de pura raza. Los animales son abandonados y los refugios ya no tienen sitio para acogerlos. Lili, de 13 años, lucha con todo su ser para proteger a su amado Hagen, pero su padre acaba soltándolo en la calle. Hagen y su joven dueña se buscan desesperadamente hasta que Lili se rinde, convencida de que no volverá a verlo. Hagen se esfuerza en sobrevivir y no tarda en aprender que no todos los hombres son los mejores amigos. Se une a una manada de perros sin hogar, pero es capturado y llevado a la perrera. Perdida la esperanza, los perros aprovecharán una oportunidad para escaparse y rebelarse contra los seres humanos. Su venganza será despiadada. Puede que Lili sea la única capaz de detener la inesperada guerra entre el hombre y el perro.

Sinceramente, White God va a por todas. Desde sus embaucadoras y fascinantes primeras imágenes, el film consigue atraparte con una facilidad pasmosa, y desde ese prologo, es un film que va directo a la yugular. Presenta las situaciones, las desarrolla y consigue ejecutarlas con una rotundidad que conmueve. Conmueve por la especial sequedad con la que ha sido contada y por la sorpresa que supone el cómo van desembocando los acontecimientos, mostrando un giro radical en su última media hora, que, en palabras de un servidor, se quedó embobado frente a la pantalla. Principalmente, porque asistimos a un viaje duro y conmovedor, del animal frente al hombre (y al revés), cuyo tono dramático y áspero es el predominante del relato, para, de pronto, cambiarlo por otro radicalmente distinto cuyos componentes, incluso del cine de terror (y social) no desentonan en absoluto con lo que estamos viendo.

Y funciona básicamente por que su director tiene tan clara la metáfora social que nos quiere contar, que tal cambio funciona de forma maravillosa: una explosión necesaria de una sociedad acomodada y deshumanizada. El director, inteligentemente, recurre incluso a su cámara tambaleante para mostrarnos el desequilibrio del supuesto control a la fuerza que Lili y Hager tienen en un comienzo, para poco a poco, centrarse, cuando el “supuesto” caos explota (con una cámara mucho mas serena y mas quieta). Además el tratamiento de la música en la película me ha parecido maravilloso (algunos la tildarán de efectista, pero el momento explosivo de la película con la música presente, me ha erizado todos los pelos), pues le da una importancia vital al relato, sabiendo perfectamente cuando integrarlo y, sobre todo, para qué fin.

El único inconveniente que le puedo poner al film es la interpretación de su protagonista que, aunque da el pego con el personaje (desde luego, su carácter pasivo y rebelde lo ofrece con solo su pose), en ciertos instantes que requerían de un dramatismo mayor, no termina de dar la talla (aunque comprensible debido a su poca experiencia todavía). Por eso, precisamente, es el bando canino el que se llevará todos los halagos de esta película, pues vamos a decirlo así, cuando el film se centra en ellos, la cinta hipnotiza y fascina gracias a que sus creadores han conseguido sacar todas las intenciones que querían sacar de ellos, incluso llegando a conmover y a emocionar (lo del perro protagonista no tiene nombre…ya quisieran muchos actores conseguir lo que ha conseguido este animal), y eso también se nota en su ritmo, que aunque va implicando emocionalmente mas al espectador a medida que avanza, es en la parte canina donde el film triunfa sobremanera.

Con un apartado técnico envidiable (y un trabajo de montaje fantástico…como ejemplo pongo la primera persecución de los perros huyendo de los trabajadores de la perrera), White Dog es un film como pocas veces vais a ver en el cine. Conmueve e impacta debido al realismo que desprenden sus imágenes (aquí no hay truco como en otras películas de Hollywood…todo lo que se ve es de verdad), y aunque posea escenas duras (inteligentemente mostradas fuera de campo pero igual de dolorosas para el espectador) e incluso violentas (sobre todo cuando se encamina casi en el género de terror), es un film necesario para mostrarnos cómo es el mundo. Un mundo que no se conciencia, que está deshumanizado y acomodado, y cuyas bestias internas se imprimen en los animales debido, precisamente, al animal que el humano lleva dentro. Unos humanos que califican de bestias a estos perros, cuando las verdaderas bestias…somos nosotros. Lo dicho, a no perderse, y una de las películas del año.

Nota Factoría del Cine: 8

Manu Monteaguado

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