Resulta extraño encontrarse a un director como Thomas Vinterberg tomando las riendas de un film como Lejos del mundanal ruido. Comento esto por que el director de Celebración y de la magistral La Caza (si no habéis visto este film no se que hacéis esperando) siempre se ha caracterizado por una crudeza en su narrativa que, digámoslo así, no encaja con un relato romántico de época, a no ser que esconda algún que otros as en la manga (que lo dudaba mucho). Y mas viniendo de una novela tan conocida como la escrita por Thomas Hardy, lo cual hace pensar que ha cogido este film por encargo, o porque veía ciertos puntos de interés en su relato que conecta con su visión. Lo cierto es que, y esto es innegable, el film prometía como mínimo, mucha clase elegancia y buen gusto…y eso es justo lo que ofrece Lejos del mundanal ruido, un film con un brillante trío de actores que nos ofrece una historia de amor a la vieja usanza, sin muchas sorpresas o aspavientos, pero siempre teniendo claro lo que quiere contar y cómo lo quiere contar.

Basada en la clásica novela original de Thomas Hardy, narra la historia de la independiente, bella y testaruda Bathsheba Everdene (Carey Mulligan), la cual enamora a tres pretendientes muy distintos: Gabriel Oak (Matthias Schoenaerts), un ganadero dedicado a la cría de ovejas, cautivado por su atrayente terquedad; Frank Troy (Tom Sturridge), un apuesto y temerario sargento; y William Boldwood (Michael Sheen), un soltero rico y maduro. El inmortal relato de las pasiones y los dilemas de Bathsheba examina la naturaleza de las relaciones y el amor, así como la facultad humana de superar las dificultades por medio de la capacidad de recuperación y la perseverancia.

Lejos del mundanal ruido es un film muy académico que ofrece mucha clase y que en ni un solo instante se sale por la tangente, pero, precisamente por eso, tiene un problema: no se diferencia de otras producciones de su mismo género. Tanto academicismo acaba pasando factura a un relato que, desde luego, esta muy bien contado e interpretado, pero que deja con la sensación de que ya lo hemos visto antes en otras ocasiones. Pongamos un ejemplo: si la última aportación al cine de Orgullo y Prejuicio funcionó tan bien fue por la personalidad de Joe Wright tras las cámaras, ya que ofrecía un virtuosismo que daba cierta personalidad al relato…aquí en cambio, eso no ocurre, por que parece que nunca quiere salirse de la sobriedad de su relato. Sus creadores han preferido apostar por ir sobreseguro y desde luego, el film funciona…pero no termina de calar hondo en el espectador, que es lo que está pidiendo a gritos y nunca consigue.

Y a pesar de esta traba que os estoy comentando…el film, funciona. Funciona porque sí que veo los rasgos definitorios del cine de Vinterbergh en este film que, aunque mas comedido en su crudeza, apuesta por dejar respirar a los personajes (y a sus actores), siendo primordial el funcionamiento de cada uno de ellos. Su director sabe cómo tratarlos, y la cámara sabe recoger los momentos precisos en los que éstos muestran detalles e información sobre sí mismos, y es ahí, donde radica su mayor acierto. Apuesta por un relato sobrio (demasiado sobrio como para destacar mas allá), sin que el ritmo sufra ningún altibajo grave, dejando que su ritmo, sopesado, avance por si solo con sus protagonistas, y aprovechando el paisaje como un personaje mas. En ese aspecto, saca un partido de la espectacular fotografía de Charlotte Bruus Christensen inmenso, y posee algunas imágenes bellísimas, de auténtico cuadro (maravillosas escenas nocturnas con luz natural), siendo ésta un pilar fundamental para expresar a través de imágenes el tono que quiere imprimir la película a través de sus colores y paisajes.

Pero el gran pilar por el que se sostiene la película, y que la hacen verdaderamente destacable es un grupo de actores (mas bien, un trío) que está encomiable: Carey Mulligan enamora la pantalla (o Vinterberg está enamorado de ella) y dibuja a su Bathsheba a la perfección, sosteniendo el relato con gran determinación y mucha clase (sobre todo por que sabe aguantar el plano con su rostro de manera que pocos saben), y lo que podría haber sido un personaje insoportable, Mulligan hace maravillas con él; lo mismo podría decir de un fantástico Matthias Schoenaerts (al que hemos visto hace poco en Suite Francesa como un nazi), que matiza a su personaje con el silencio y su presencia, en un personaje muy difícil de tratar, pero del que se consigue sacar mucho gracias a su interpretación (y que además posee una química excelente con Mulligan que el director, Vinterberg, aprovecha muy bien…pues prefiere que sean las miradas, y no las palabras, el diálogo que se establece entre los dos) ; y un Martin Sheen maravilloso, que al igual que sus compañeros, hace fácil lo difícil (su confesión amorosa a Gabriel resulta sobrecogedora).Del resto destacar a un acertado Tom Sturridge (aunque algo tópico su personaje) y a una breve pero estupenda Juno Temple.

Acompañada de una banda sonora de Craig Armstrong que contribuye a magnificar bellamente las imágenes (y con algún momento, como el encuentro amoroso entre Bathsheba y Frank en el bosque, que recuerda al mítico John Barry) , un diseño de producción magnífico (te metes en la época en un abrir y cerrar de ojos) y un trabajo de vestuario esplendido (sobre todo por los contrastes, que se aprovechan muy bien), Lejos del mundanal ruido es un precioso envoltorio con una historia romántica que, es cierto, hemos visto infinidad de veces y por ello, le puede pasar factura (pues no termina de emocionar), pero que consigue mantener al espectador atento a la pantalla durante dos horas sin que lo tomen por tonto, con un gusto por lo clásico muy agradecido, y con un cuidado de sus elementos muy de agradecer. Quizá ese empeño por cuidar tanto la forma, haya desequilibrado el fondo pero, de todas maneras, Lejos del mundanal ruido es una opción más que recomendable de cine bien ejecutado.

Nota Factoría del Cine: 5,5

Manu Monteagudo

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