Últimamente está apareciendo un debate en torno a la nostalgia del cine, que hace que desvirtúe la calidad de la misma como película. Digo esto, porque la opinión general es que siempre, lo antiguo, es mejor…y no están faltos de razón, pero hay casos de gente que a la hora de valorarla se basan en la excusa de que es “intocable” porque me crié con ella (o sea, puro postureo) sin valorarla cinematográficamente. Hablo de esto, porque a raíz del remake de Poltergeist, ha vuelto a generarse tal debate sobre si esta película ya estaba de por sí acabada y hundida en el fango por lo tremendamente popular que es la original antes incluso de que se haya estrenado, sin incluso valorarla en su visionado. Yo soy defensor de la original, sí, pero también admito que no es perfecta ni mucho menos (su clímax final me resulta lo peor del relato al exagerar, prácticamente todo), y cuando vi que su remake iba a estar dirigido por Gil Kenan, director de la excelente Monster House, he de decir, que mi curiosidad por este remake se acrecentó, pues no había director mas acertado para llevar a cabo este proyecto, y con un reparto bastante interesante. Pues bien, he de decir que sin parecerme una mala película, la nueva versión de Poltergeist me resulta innecesaria ante lo poco que tiene que aportar, y de la que, veo una lucha interna en muchos frentes de la que, por desgracia no sale ganando.

El legendario realizador Sam Raimi (“Spider-Man”, “Posesión Infernal”, “El grito”) y el director Gil Kenan (“Monster House”) ponen al día el clásico relato de una familia cuya casa está habitada por fuerzas malignas. Cuando las aterradoras apariciones intensifican sus ataques y capturan a la hija más pequeña, la familia debe unirse para rescatarla antes de que desaparezca para siempre.

Hablaba de lucha interna porque veo las intenciones de un director que, sin exagerar, intenta ofrecer lo mejor de sí con una puesta en escena que es lo mejor de la película, pero que por varias razones (en este caso, varios frentes) no ha conseguido el producto que él mismo hubiese querido: pretende contentar a demasiados frentes (respetar el original, atraer nuevas generaciones, contentar a los productores) sin que el resultado tenga personalidad propia. Y es aquí donde encuentra la mayor lacra de la cinta (y no puedo resistirme a hacer comparación): el espectador nunca llega a conectar con esta familia. Donde la original conseguía un retrato de la familia conseguidísimo y creíble, aquí se nota forzado, frío, distante, sin que el espectador note especial credibilidad en el entorno familiar, sobre todo, porque las reacciones de los personajes…no resultan creíbles. Aún recuerdo en la original como reaccionaban los padres (y los hijos) ante los primeros acontecimientos de la casa, como si fuera algo cotidiano…aquí esos detalles no existen, y son la que diferencian de la original a una distancia muy larga…hacer creíble lo increíble. Aquí por desgracia no ocurre y una de sus principales razones es…

Un ritmo que apenas permite respirar a los personajes como sí hacía la original (aunque aun así, tenía un ritmo perfecto). Esto perjudica seriamente al componente familiar de los personajes a cambio de una sucesión de acontecimientos que, por fortuna, logran que el film se pase en un suspiro. Y es aquí donde la película mas acierta…no aburre en ni un solo instante y mantiene un ritmo constante hacia delante (supongo que por decisión de no aburrir a los mas jóvenes). Aunque a decir verdad, lo que mas me gustó del film son los instantes donde se ve reflejada en la puesta en escena la personalidad de Gil Kenan…por desgracia, son pocos, pero cuando lo hace, resulta harto eficaz: Maddy observando como una rama del suelo se levanta por si sola; el armario “eléctrico”; el primer ataque a la casa (el mejor momento del film, especialmente en el secuestro de la pequeña…un cambio respecto a la original realmente mágico y conseguido, por no hablar del estupendo plano secuencia del árbol, y ese móvil conectado con el más allá); o la vuelta de tuerca que se le da a la escena del rescate a través de un dron. Por ello, me da rabia el hecho de que se atisba un intento de hacer las cosas bien por parte de su director, pero que por decisión de ejecutivos o de altos cargos (o porque a Gil Kenan se le fue de las manos, vete a saber), se ha añadido el triple de golpes de efecto (apenas funcionan), con unos efectos de sonido que dejan sordo a cualquiera, fabricando un producto que no se diferencia de cualquier película de terror para adolescentes que intentan venderse como churros…y es una lastima, pues, repito, hay atisbos de lo que pudo ser la película y no fue.

No puedo resistir la comparación, y no por la nostalgia, sino por lo que funciona cinematográficamente, y lo digo por varios apartados: me resulta harto extraño cómo los efectos visuales de la vieja Poltergeist estén mas conseguidos que los de aquí (digitalizado en exceso…es cuando prima lo sencillo, cuando éstos, mejor funcionan, como la escena de las luces escapando de sus lámparas) y cómo perjudica GRAVEMENTE al tono de la película la desangelada banda sonora de Marc Streitenfeld (fíjense si ayudo la música de Jerry Goldsmith en la primera película que hasta estuvo nominada al Oscar), sin ningún tipo de conexión emocional al espectador, a lo que tampoco ayuda unas interpretaciones que van desde lo estupendo a lo anodino en cuestión de segundos: Sam Rockwell y Rosemarie Hewitt parece que están en la película para cobrar el cheque, pues están mas desganados que nunca, y no resultan creíbles en sus respectivos roles (como dije antes, las reacciones ante los acontecimientos que ocurren, son como si estuvieran haciendo la compra), y me sorprende muchísimo de estos dos profesionales (por supuesto, ni punto de comparación con Craig T.Nelson y Jobeth Williams…no hay color); los pequeños están estupendos, especialmente Kennedi Clements (un acierto de casting que hace olvidar a la pequeña Caroline en cuestión de segundos) ; y el mejor del reparto, sin duda alguna, un Jared Harris que se lo pasa sencillamente en grande (su historia con su compañera tiene mas credibilidad que cualquier escena familiar, con eso digo todo).

Con todo esto, quiero decir que no es que la nostalgia haga de la antigua Poltergeist una película mejor…es que cinematográficamente la original cuidaba a sus personajes y a las situaciones, con mucho mimo y detallismo (por no hablar del apartado técnico). En este remake, se ven atisbos de una película que quiere ser respetuosa con la original, y en determinados instantes, el director consigue salvar la papeleta con efectividad gracias a un par de set pieces muy eficaces, y metiendo una crítica al capitalismo bastante acertada, pero por las prisas de sus ejecutivos, y por la presión de intentar llenar las salas a un público joven, han decidido saltarse lo que hacía de la original una gran película, para rellenar con golpes de efecto un metraje que, eso sí, se pasa en un suspiro…pero en un suspiro igual se olvida. Al menos, se percibe un intento de hacer algo digno, que ya es decir mucho…

Nota Factoría del Cine: 5

Manu Monteagudo

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