Nicholas Sparks ha encontrado la gallina de los huevos de oro, sin duda. Este autor de novelas románticas (marcadas casi siempre por el mismo patrón), ha visto el filón de cómo sus novelas han sido adaptadas al cine con mayor o menor fortuna (primando mas lo primero, que lo segundo), y viendo como Hollywood se interesa por sus obras, parece que, sabiendo el tirón comercial de sus novelas a la gran pantalla dan mucho de sí, no quiere desaprovechar la oportunidad publicando novelas marcadas por el mismo patrón pues, sin vende ¿Por qué no repetir la formula? Así, desde que en 1999 llegó Mensaje en una botella (soporífero film bien arropado por la fotografía, música e interpretaciones), la cantidad de títulos que han llegado a la gran pantalla (sobre todo en los últimos cinco años) ha sido cada vez mas frecuente: A walk to remember, El diario de Noah (en mi opinión, la mejor de todas ellas), Noches de Tormenta (que solo se salvaba por su pareja principal), Querido John (bastante entretenida, para qué mentir), La última canción, Cuando te encuentre, Un lugar secreto, Lo mejor de mí (estrenada hace menos de un mes) y ahora toca el turno de El viaje más largo. No os engañaré que con El viaje más largo, iba con las expectativas muy bajas, debido a que ha obtenido unas críticas bastante mediocres, y finalmente, me encontré con una cinta que no engaña lo mas mínimo y que al menos, resulta emotiva en su propósito de intentar emocionar al espectador.

Basada en la novela superventas de Nicholas Sparks, El viaje más largo se centra en el romance entre Luke (Scott Eastwood), un antiguo campeón de rodeo que intenta volver a triunfar, y Sophia (Britt Robertson), una universitaria que está a punto de embarcarse en el sueño profesional de su vida, un trabajo en una prestigiosa galería de arte de Nueva York. Según van poniendo a prueba su amor con sus diferentes ideales y visiones de la vida , Sophia y Luke establecen una conexión inesperada con Ira (Alan Alda), cuyas memorias de su amor vivido hace décadas con su maravillosa mujer inspirará profundamente a la joven pareja. Saltando generaciones e intercalando dos historias de amor, El viaje mas largo explora los retos y las infinitas recompensas del amor duradero.

Leyendo su sinopsis oficial, creo que el espectador ya puede ir haciéndose una idea del producto que se ve a encontrar…y desde luego, no te engaña lo mas mínimo. El viaje mas largo es un film destinado a los fanáticos del cine romántico que es ideal para parejas adolescentes (que es, primordialmente, al público que va destinado este film) y para visionarla en la sobremesa en el fin de semana. Desde luego, los tópicos, se agolpan y no sorprende lo mas mínimo encontrárselos en un relato como este, pues la misma película sabe lo que es y no pretende ser otra cosa, siendo honesta consigo mismo. Lo que verdaderamente achaco a la película es una duración de mas de dos horas que se nota estiradísima, especialmente en una presentación de personajes que se hace verdaderamente eterna, pues tienen que pasar aproximadamente 40 minutos hasta que la misma decida dar un paso hacia lo que el film pretende ser (a partir de ahí, el metraje se hace mas llevadero), pues su dirección, resulta desganada ante lo que quiere contar hasta ese momento, con una puesta en escena que pudo aprovechar mejor el relato que tenía entre manos (ni siquiera aprovecha su fotografía).

Pero lo cierto es que una vez prima el tono romántico en el relato, el film consigue adecuarse bastante bien en el tono que pretende buscar, y no es gracias a una puesta en escena de lo mas funcional (y con un guión que fuerza algunas situaciones que, mejor será dejar de lado…por que el cómo se encuentran a Ira esta cogido con pinzas no, lo siguiente…), sino a que, por fin el relato se siente cómodo, y no tan forzado. Que el espectador se sienta manipulado o no, depende de los gustos de cada uno, pero si buscas un film que busque emocionarte, desde luego, Un viaje mas largo lo puede conseguir en varios instantes, a base de manipularte emocionalmente…así que, llevaros un par de pañuelos si sois de lágrima fácil. La carga emotiva de la historia se va incrementando, y me sorprendió que, por lo menos, no terminara siendo el relato aséptico que prometía a ser desde el principio.

Esto es debido a varios factores: una fotografía que, aunque su director no lo aproveche del todo bien, sabe hacer imágenes de postal, aunque es en los momentos del rodeo cuando me sorprendió gratamente (por su fuerza y magnitud del momento); una banda sonora de Mark Isham que adorna las imágenes con una música romántica y bella a mas no poder (atención a la visita de Ira y su esposa a un centro, en mitad del campo, con un tema bellísimo de Isham); y unas interpretaciones que me han sorprendido favorablemente, y que mejoran mucho a medida que va avanzando el relato. Todo están en su sitio y demuestran su buen hacer frente a la pantalla: Scott Eastwood esta mejor de lo que esperaba, aunque no deja de ser el típico cliché (aunque bien jugado por el actor, todo hay que decirlo); Britt Robertson está estupenda y desprende mucho encanto y naturalidad; Alan Alda…que decir de este magnífico actor (aunque tiene que lidiar con un rol lleno de tópicos); Oona Chaplin esta maravillosa (encandila la pantalla, asi de sencillo); y Jack Huston esta estupendo y muy emotivo.

El viaje mas largo es así un film para pasar el rato en una velada romántica…si puede ser después de comer, mejor. Sabe lo que es y a qué público va destinado, y aunque en un principio parezca que nos encontremos ante un relato de lo mas desganado e incluso aburrido, una vez entra en el terreno romántico que pretende buscar, el film consigue que sea mas pasable de lo que parecía a simple vista por la carga emotiva de su historia. Quizá fueran mis expectativas, pero he de decir que me la esperaba bastante peor, y su visionado resulta agradable, largo (de eso no hay duda) y emotivo.

Nota Factoría del Cine: 5.

Manu Monteagudo

JFPCríticascritica,El viaje más largo
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