No son pocos los actores de Hollywood que han decidido adentrarse en el terreno de la dirección. Sin ir mas lejos, la semana pasada se estrenó entre nosotros la opera prima del actor Ryan Gosling, Lost River (aunque al parecer, no con mucho éxito). Casos como éste hay a montones y si no véase como Clint Eastwood ha conseguido ser uno de los directores mas reputados de la industria (y con mucha razón…que este hombre, a su edad, haya rodado un film de una complejidad técnica como El francotirador, dice mucho de él), como Mel Gibson atrae al público, no por sus trabajos como actor, sino por la calidad de los films que él mismo dirige (aun estoy deseando que llegue a nuestras pantallas un film similar a Apocalypto), y un Ben Affleck que, gracias a esta faceta como director, ha conseguido resucitar en la industria de buena manera. Ahora, le toca el turno a Russell Crowe, que, lejos de empezar de manera pequeña, ha apostado por una producción épica en Australia (su país natal) sobre un segmento de la historia de este país: la guerra de Gallipoli. Desde luego, al reconocido actor, este proyecto le ha venido demasiado grande…

“EL MAESTRO DEL AGUA” es una aventura épica ambientada cuatro años después de la devastadora batalla de Galípoli, en Turquía, durante la Primera Guerra Mundial. El granjero australiano Joshua Connor (Russell Crowe) viaja a Estambul para descubrir qué ha pasado con sus hijos, declarados desaparecidos en combate, al tiempo que forja una relación con Ayshe (Olga Kurylenko), una hermosa mujer propietaria del hotel en el que se hospeda. Aferrado a la esperanza y con la ayuda del comandante Hasan (Yilmaz Erdogan), un oficial turco que luchó en la batalla de Galípoli, Connor se embarca en un viaje a través del país para descubrir la verdad acerca del destino de sus hijos.

El Maestro del Agua es un continuo intento de “quiero y no puedo”. Russell Crowe, que debuta como director en esta película, pretende crear un relato ambicioso donde todo tipo de público quede satisfecho, pero tiene un problema, y bastante gordo…y es forzar la máquina hasta cierto punto que satura y se ven las costuras de forma muy evidente. El film, que intenta asemejarse a los relatos tradicionales y clásicos de este tipo de historias, intenta aunar épica, una historia de amor, cine bélico e incluso cine de aventuras…sin alcanzar plenamente sus objetivos en ninguno de sus apartados, quedándose en una superficialidad que, por momentos, sonroja, cuando en ella, existe una premisa muy potente que no aprovecha siquiera el drama de la situación que vive nuestro protagonista de la historia. Es una pena que esto ocurra, pues al final la sensación que da la película es la de estar asistiendo a un telefilm camuflado con mayor presupuesto, y no hubo momento en la película que no pudiera quitarme esa sensación de la cabeza.

Aún así, y no nos engañemos, en ella hay atisbos de que Russell Crowe, si pule mas su estilo, nos puede brindar cosas interesantes en el futuro, sobre todo por que en determinados instantes (muy pocos, por desgracia), logra transmitir ese clasicismo narrativo que estaba buscando: la única escena realmente épica del film, con una espectacular tormenta de arena (que tampoco aporta mucho al film, la verdad) ; el silencio después de la batalla con los gritos agónicos de los heridos (el único instante dramático del film que verdaderamente funciona) y, sobre todo, la relación que se establece entre Connor y Hasan. Es en este último apartado donde se concentran los mejores momentos, y de mayor interés del film, tanto por el feeling que se transmite en los actores, como por un guión que aprovecha a los personajes en una situación difícil…

Es una pena que el resto no posea el mismo grado de interés, que pierde su foco central (la búsqueda de los hijos) en devaneos innecesarios, como una historia de amor que interesa o poco o nada (y fíjense que hay alguna que otra escena acertada como la predicción del te) , ya que resta foco a lo que de verdad nos quiere contar el film, a cambio de una inverosímil historia de amor. Como dije antes, con tal de ampliar su abanico de espectadores, al film le ha pasado factura, y hay instantes, que incluso, por pretender lucir mas correcto de lo normal, resulta incluso sonrojante (esa cámara lenta de Connor y Ayshe jugando con el agua…no puede resultar mas ridículo). El resto, salvo una fotografía de Andrew Lesnie que es lo mas destacado de la función, destaca por una corrección en sus apartados que no deja huella en ni un solo instante.

Las interpretaciones pasan de lo estupendo (Yilmaz Erdogan, el mejor de la función con diferencia) a lo meramente correcto y pasable (especialmente los casos de Crowe y Kurilenko…trabajo discretos y poco mas) sin que tampoco aporte gran cosa a sus filmografía. Así, El maestro del agua, aunque se deja ver (está en el límite de aburrir aunque por fortuna no llega a suceder), es una ligera decepción de un proyecto que prometía una historia mucho mas ambiciosa y perdurable que la aquí presente. El debut de Russell Crowe se caracteriza por ser un proyecto que ha caído en las manos equivocadas, por caer en errores propios de una ópera prima…quizás haya sido el hecho de apostar a lo grande lo que ha podido con esta película, aunque a decir verdad, la sensación que crea es mas propio de estar viendo un “telefilm” a ver una película de pantalla grande que incluso aspira a premios importantes…no hace falta ni que diga que se irá con las manos vacías.

Nota Factoría del Cine: 4.

Manu Monteagudo

JFPCríticasCríticas,El maestro del agua,Russel Crowe
No son pocos los actores de Hollywood que han decidido adentrarse en el terreno de la dirección. Sin ir mas lejos, la semana pasada se estrenó entre nosotros la opera prima del actor Ryan Gosling, Lost River (aunque al parecer, no con mucho éxito). Casos como éste hay a...