Si hay un director que ha hecho su presencia, es Sébastien Pilote de Canadá, quien se hace sentir en 2011 con su primer largometraje El Vendedor.

Este metraje es una experiencia gratificante en dirección y actuación. Captura las preocupaciones que hay, en general, en el mundo actual; el tiempo y la conmoción económica que deja a tantas personas desempleadas permanece como un sombrío telón de fondo a lo largo de toda la historia. Eso es precisamente lo que hace que la película se destaque, un cuento humanista, encantador, con un trasfondo oscuro. Una película que ofrece contrastes de este estilo al espectador en varias etapas de la película.

La historia que se relata es la de un afable vendedor de coches de 67 años de edad Marcel Levesque, interpretado por el actor canadiense Gilbert Sicotte. Su vida se centra en su amada hija, su nieto y por supuesto vender coches, es su devoción y todo el sentido que tiene su vida. El problema reside en que no es fácil vender coches en los tiempos de recesión que se viven tras el cierre de una de las fábricas de papel que hay en el pueblo, por lo que Marcel debe aprovechar cualquier oportunidad para lograr una venta. Esto, le va a traer a nuestro protagonista consecuencias inimaginables.

El tiempo en la película transcurre pausadamente, proporcionándole al espectador la sensación de rutina. En muchos momentos de la película, ciertamente, uno como espectador siente que la historia no va hacia ningún lado, que no pasa nada, inclusive el metraje se torna aburrido. Sin embargo, el director tiene un objetivo con toda esta rutina: lograr una fuerte emoción en un punto de la película… y, verdaderamente, lo logra.

Ese único momento de clímax, hace que haber visto toda la película valga la pena. Es un momento donde se llega el punto de sentir exactamente lo que nuestro personaje está sintiendo. La forma de expresar estas emociones están contadas con una elegancia increíble y una sencillez impactante que hacen del El vendedor una película encantadora y sobrecogedora.

El problema, es que el resto de la historia es contada de una forma competente pero muy conservadora, y no hay ninguna técnica de atrevimiento para distraernos cuando nada muy grave está pasando. Lo que ocasiona que mientras que esperamos que algo pase podemos perder interés en la historia y querer que está se acabe.

La película, en gran parte funciona por la gran interpretación que hace Gilbert Sicotte. El actor, no sólo trae a la pantalla el carácter de un vendedor perfecto, sino que también hace que el espectador se identifique y se encariñe con el personaje de Marcel, que definitivamente es encantador en todos sus sentidos. Trata bien a sus compañeros de trabajo, es un buen padre y abuelo, y tiene detalles que los hacen muy interesante.

El vendedor es una película dramática, encantadora, que te hará reflexionar, y te involucrará en los sentimientos y emociones del protagonista. Para algunas personas resultará algo lenta y larga, pero la verdad es que es una joya de película que, simplemente, le falta pulir en algunos aspectos.

Josmaira Quiroz